Desde que Kevin Warsh asumió la presidencia de la Reserva Federal, ha impulsado una visión de un banco central que delibera con más calma y habla con menos frecuencia. Su propuesta de reducir las reuniones anuales de política monetaria de ocho a seis ha encontrado eco en al menos un tercio de los funcionarios del organismo, señal de que el debate sobre la arquitectura institucional de la Fed ha dejado de ser marginal. En el fondo, la pregunta no es solo cuántas veces se reúne un banco central, sino qué tipo de institución quiere ser en un mundo que la observa con creciente intensidad política.