Hace 520 millones de años, una aleta fosilizada de apenas treinta centímetros guarda la memoria de un ataque: algo mordió a uno de los mayores depredadores del Cámbrico, y ese depredador sobrevivió. El hallazgo, analizado mediante fluorescencia de rayos X en la Formación Yu'anshan de China, revela que las cadenas tróficas complejas —donde incluso el más poderoso puede convertirse en presa— no son un invento reciente de la evolución, sino una constante tan antigua como la vida misma.