En septiembre de 2026, el ingeniero Hugo Vergnes demostró que la frontera entre los grandes laboratorios de inteligencia artificial y el talento individual se está disolviendo: con menos de mil dólares y 43 horas de cómputo alquilado, entrenó un modelo de lenguaje de 3.800 millones de parámetros que supera a GPT-2 en el benchmark CORE. Este hito no es solo técnico; es una señal de que la capacidad de construir inteligencia artificial competitiva ya no pertenece exclusivamente a quienes tienen recursos industriales, sino que comienza a caber en el presupuesto y la ambición de un solo ingeniero.