Muerte del 'Niño Guerrero' abre interrogantes sobre futuro del Tren de Aragua

Ejecución extrajudicial y tortura del teniente rebelde venezolano Ronald Ojeda en Santiago de Chile en 2024, ordenada presuntamente por autoridades chavistas.
El cerebro delictivo de esa organización era el que planeaba todo
Un criminólogo explica por qué la muerte del Niño Guerrero no puede ser simplemente reemplazada por otro líder.

El Niño Guerrero dirigía verticalmente una estructura criminal con miles de integrantes dedicados a narcotráfico, extorsión, trata de personas y sicariato en múltiples países. El Tren de Aragua elevó índices de inseguridad en Chile y Perú, incluyendo el secuestro y ejecución del teniente venezolano Ronald Ojeda en Santiago en 2024.

  • Héctor Rusthenford Guerrero, líder del Tren de Aragua, operaba desde la cárcel de Tocorón en Venezuela
  • La banda operaba en múltiples países con miles de integrantes dedicados a narcotráfico, extorsión, trata de personas y sicariato
  • El teniente rebelde venezolano Ronald Ojeda fue secuestrado, torturado y ejecutado en Santiago de Chile en 2024, presuntamente por orden de autoridades chavistas

Estados Unidos ejecutó una operación militar contra Héctor Rusthenford Guerrero, líder del Tren de Aragua, banda transnacional que operaba desde la cárcel de Tocorón en Venezuela. Su muerte abre interrogantes sobre la sucesión en la organización y sus operaciones criminales en toda América Latina.

Estados Unidos sorprendió al mundo con una operación militar de envergadura en Venezuela, pero esta vez no apuntaba contra la dictadura chavista sino contra un hombre: Héctor Rusthenford Guerrero, el legendario líder del Tren de Aragua, la banda transnacional que nació entre los muros de la cárcel de Tocorón, a dos horas de Caracas.

Desde esa prisión reconvertida en cuartel general del grupo, equipada con discoteca, restaurantes, piscina, oficinas bancarias y hasta zoológico, los soldados de Guerrero se dispersaron por toda América. Cruzaron océanos. Se filtraron entre la diáspora hacia España, protegidos por la complicidad del régimen chavista. En Tocorón dejaron de llamarlo por su nombre. El Niño Guerrero, con una recompensa de cinco millones de dólares sobre su cabeza, se convirtió en un caudillo envuelto en misterio, capaz de tejer una red criminal donde cabía casi todo: microtráfico de drogas, contrabando de oro, extorsión, trata de personas, prostitución, venta de armas, sicariato, secuestros. A su lado operaban Johan Petrica y Giovanny San Vicente, sus lugartenientes, cada uno tasado en cuatro millones de dólares por Washington.

La década dorada del Tren de Aragua, con varios miles de miembros, elevó a la organización del Niño Guerrero a la cúspide de la delincuencia continental, en competencia directa con los cárteles mexicanos, las guerrillas colombianas y las maras centroamericanas. Mientras su presencia en Estados Unidos sirvió principalmente al relato de la Casa Blanca sobre la persecución de migrantes, las operaciones de sus sucursales en Chile y Perú dispararon como nunca antes los índices de inseguridad en ambos países andinos. En Chile, la Fiscalía investigó el secuestro, la tortura, la ejecución y el entierro clandestino del teniente rebelde venezolano Ronald Ojeda en Santiago durante 2024, un crimen que el fiscal atribuyó directamente a Diosdado Cabello, ministro de Interior del régimen, quien habría contratado al Tren de Aragua para ejecutar la operación a más de siete mil kilómetros de Caracas. En Perú, las acciones del Tren de Aragua y grupos afines como Los Gallegos convirtieron la lucha contra el crimen en el eje central de la campaña presidencial, con la mano dura contra la delincuencia como bandera principal de Keiko Fujimori, quien busca llegar al poder tras tres derrotas consecutivas.

La muerte del Niño Guerrero plantea una pregunta fundamental: cómo afectará a una estructura tan vasta y ramificada. El criminólogo Luis Izquiel, especialista en el universo criminal venezolano, fue directo en su análisis: Guerrero no era simplemente un jefe intercambiable. Era el cerebro delictivo de la organización, quien planeaba las acciones criminales, diversificaba las fuentes de ingresos y dirigía la expansión internacional de la banda. A diferencia de otras organizaciones delictivas donde la muerte del líder es seguida sin dificultad por la ascensión de un lugarteniente, en el Tren de Aragua esto será mucho más complicado debido a las características personales únicas de Guerrero.

Poco podría haber imaginado el joven alocado de Maracay que mató a un policía en 2005, en tiempos cuando Venezuela sufría la mayor violencia urbana del planeta, capaz de asesinar cada veinte minutos. Tras una primera fuga de Tocorón, regresó condenado a diecisiete años por homicidio y tráfico de armas de guerra, para convertirse en el jefe de lo que sería la primera gran banda venezolana unificada, en un país hasta entonces caracterizado por grupúsculos que se disputaban territorios. Sin embargo, Izquiel advierte que las células que operan en América Latina y otras partes del mundo pueden tener cierto grado de independencia que las haga menos vulnerables a la muerte de su líder máximo. Eso está por verse.

La operación abre también una segunda interrogante crucial: si las narcoguerrillas colombianas podrán seguir operando con la misma tranquilidad en los santuarios venezolanos que les proporcionaron Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Esas dudas se multiplican con la posible llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia colombiana, quien encabeza actualmente las encuestas. El analista político Walter Molina Galdi sitúa todo esto dentro de una reconfiguración geopolítica más amplia. La doctrina Monroe 2.0 anunciada por Washington ha decidido recuperar el control estratégico del hemisferio y eliminar actores que considera amenazas para su seguridad. El Tren de Aragua era uno de ellos. Por eso la neutralización del Niño Guerrero no fue simplemente una operación contra una banda criminal, sino un mensaje dirigido a múltiples destinatarios dentro y fuera de Venezuela. El Ejército de Liberación Nacional y Segunda Marquetalia, acusada de estar detrás del asesinato del senador Miguel Uribe, han quedado en alerta máxima.

La muerte de Niño Guerrero representa un duro golpe para el Tren de Aragua. Este individuo era el cerebro delictivo de esa organización, quien planeaba las acciones criminales y la expansión internacional de la banda
— Luis Izquiel, criminólogo especialista en crimen venezolano
Lo que ocurre forma parte de una reconfiguración geopolítica mucho más amplia. La doctrina Monroe 2.0 ha decidido recuperar el control estratégico del hemisferio y eliminar actores que considera amenazas para su seguridad
— Walter Molina Galdi, analista político
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué la muerte de este hombre en particular genera tanta incertidumbre? ¿No debería simplemente reemplazarlo alguien más?

Model

Porque Guerrero no era un jefe intercambiable. Era el arquitecto de toda la operación: decidía qué negocios hacer, cómo expandirse, cómo adaptarse. Sus lugartenientes eran ejecutores, no estrategas.

Inventor

Entonces, ¿la banda simplemente desaparece?

Model

No necesariamente. Las células en otros países tienen cierta autonomía. Pueden seguir operando. Pero sin su coordinación central, sin su visión, probablemente se fragmenten o se vuelvan menos eficientes.

Inventor

¿Y qué significa esto para Colombia y sus guerrillas?

Model

Significa que pierden un aliado importante en Venezuela. Un santuario donde operaban sin presión. Ahora tienen que preguntarse si ese refugio sigue siendo seguro.

Inventor

¿Es esto solo una operación contra el crimen, o hay algo más grande en juego?

Model

Es ambas cosas. Sí, es contra una banda criminal. Pero también es un mensaje: Washington está reafirmando su control en el hemisferio, eliminando actores que considera amenazas.

Inventor

¿Quién más está recibiendo ese mensaje?

Model

Todos los que operan en los márgenes del poder en América Latina. Las guerrillas colombianas, los grupos disidentes, cualquiera que dependa de santuarios venezolanos. Todos están viendo que esos santuarios ya no son tan seguros.

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