Un exmilitar español ciego relata su milagrosa supervivencia a una explosión de mina

José Soto perdió la pierna izquierda y la visión en una explosión de mina que mató a su compañero militar; pasó 14 días en coma con fracturas craneales y contusión pulmonar.
Lo lógico es que muriera, pero decidí vivir de todas formas
Pepe reflexiona sobre el momento en que comprendió la gravedad de sus heridas y eligió seguir adelante.
Mark

¿Qué fue lo que pasó por tu mente en esa primera hora, esperando ayuda, sabiendo lo que sabías sobre tu estado?

Mimi

Que debería estar muerto. No era pesimismo. Era matemática. Pierna desaparecida, cara destrozada, pulmón colapsado, sin visión. Eso no es una persona que sobrevive.

Mark

Pero sobreviviste. ¿Cuándo cambió algo en tu cabeza? ¿Cuándo dejaste de esperar la muerte?

Mimi

Honestamente, no sé si cambió. Creo que simplemente pasó. Desperté del coma y estaba vivo. Luego tuve que decidir qué hacer con eso.

Mark

¿Fue la escritura lo que te salvó, o ya estabas salvado cuando empezaste a escribir?

Mimi

La escritura fue lo que me dio forma. Después del coma, después de la pérdida, necesitaba algo que fuera mío, que no dependiera de lo que había perdido. Los libros fueron eso.

Mark

Catorce libros. Eso no es casual.

Mimi

No. Eso es trabajo. Eso es elegir cada día que tu vida tiene significado, incluso cuando la lógica dice que no debería tenerlo.

Mark

¿Qué esperas que entiendan las personas que escuchan tu historia?

Mimi

Que la vida no siempre tiene sentido. Que a veces te pasan cosas que no deberían pasarte. Pero que después de eso, todavía puedes construir algo. No lo mismo. Algo diferente. Algo que vale la pena.

  • Una carga explosiva detonó durante una operación militar, mató al compañero de Soto y dejó al exmilitar consciente en el suelo, sin una pierna, ciego y con el pulmón colapsado, a cinco kilómetros del campamento.
  • Durante una hora, sin radios operativas ni vehículos disponibles, Soto esperó solo y lúcido, sabiendo con precisión clínica que lo lógico era no sobrevivir.
  • Catorce días en coma, fracturas craneales, ceguera y la pérdida irreversible de la extremidad definieron el umbral desde el que tendría que reconstruirse, no hacia atrás, sino hacia adelante.
  • Contra el pronóstico médico y contra la narrativa habitual de la superación, Soto eligió construir una vida nueva: historiador, escritor prolífico y voz de referencia para quienes han atravesado traumas similares.
  • Su testimonio, compartido en el pódcast 'Un propósito', circula hoy como evidencia viva de que la resiliencia no es recuperar lo perdido, sino habitar con sentido lo que queda.

En algún lugar entre la física de la destrucción y la voluntad de seguir existiendo, José Soto encontró una grieta por la que colarse hacia la vida. Un exmilitar español que perdió la pierna, la visión y estuvo catorce días en coma tras la explosión de una mina que mató a su compañero, Soto no recuperó lo que perdió, sino que construyó algo distinto: una identidad forjada en el peso de lo imposible. Hoy es historiador, autor de catorce libros y docente, y su historia no promete que todo irá bien, sino que vivir sigue siendo posible cuando la lógica dice que no debería serlo.

José Soto estaba detrás de su compañero cuando la mina detonó. El cuerpo del otro hombre absorbió parte del impacto, pero no fue suficiente para salvar a ninguno de los dos: el compañero murió momentos después, y Pepe —como lo conocen— quedó en el suelo con la pierna izquierda arrancada, los huesos de la cara y el cráneo destrozados, un pulmón colapsado y sin visión.

Lo que hace singular aquel momento es que Soto no perdió la conciencia. Fue plenamente consciente de lo que le había ocurrido: al tocarse donde debería estar la pierna, no encontró nada. El hueso estaba expuesto hasta la rodilla. Respirar era una batalla. Hablar, con la mandíbula rota, era casi imposible. Y nadie pudo llegar a ayudarlo durante una hora, porque las radios no funcionaban y los vehículos no estaban disponibles. Pasó ese tiempo solo, lúcido, sabiendo que la lógica de la medicina y de la física decía que no viviría.

Pero vivió. Catorce días en coma. Al despertar: fracturas en toda la cara, una pierna menos, ceguera. Y entonces comenzó a reconstruirse, no como la persona que había sido, sino como alguien completamente nuevo.

Años después, Pepe es historiador, ha escrito catorce libros y ejerce como docente. Su testimonio, compartido recientemente en el pódcast 'Un propósito', no es una historia de recuperación en el sentido convencional. No recuperó lo que perdió. Construyó una vida con peso, propósito y valor desde lo que quedó. Para quienes han atravesado traumas similares, su existencia no promete que todo saldrá bien; demuestra, simplemente, que vivir es posible incluso cuando nada indica que debería serlo.

José Soto estaba de pie detrás de su compañero cuando la carga explosiva se detonó. Su compañero, un hombre corpulento, absorbió parte del impacto con su cuerpo, pero no fue suficiente para salvarlo a él ni para proteger completamente a Pepe, como lo conocen. La explosión le arrancó la pierna izquierda. Le destrozó los huesos de la cara y el cráneo. Le colapsó un pulmón. Su compañero murió momentos después.

Esto sucedió durante una operación militar. Pepe no perdió la conciencia en el momento del impacto, lo que significa que fue plenamente consciente de lo que le había sucedido. Cuando se tocó donde debería estar su pierna, no encontró nada. El hueso estaba expuesto hasta la rodilla. No podía ver. Hablar era casi imposible con la mandíbula rota. Respirar era una batalla contra la contusión pulmonar. En ese momento, en el suelo a cinco kilómetros del campamento, Pepe supo que debería estar muerto. La lógica de la medicina, de la física, de la supervivencia, decía que no viviría.

Nadie pudo llegar a ayudarlo durante una hora. Las radios no funcionaban. Los vehículos no estaban disponibles. Pasó esa hora consciente, esperando, sabiendo que lo lógico era no vivir.

Pero vivió. Pasó catorce días en coma. Despertó con fracturas en toda la cara, sin una pierna, ciego. Y entonces comenzó a reconstruirse. No como la persona que había sido, sino como alguien completamente nuevo. Años después, Pepe se convirtió en historiador. Ha escrito catorce libros. Enseña. Su testimonio, que compartió recientemente en el pódcast 'Un propósito', no es una historia de superación en el sentido tradicional de la palabra. No es una historia de alguien que recuperó lo que perdió. Es la historia de alguien que perdió casi todo y decidió vivir de todas formas, y luego construyó una vida que tiene peso, propósito y valor.

Para las personas que han sufrido traumas similares, que han estado donde Pepe estuvo, su existencia misma es una prueba. No es una prueba de que todo saldrá bien. Es una prueba de que vivir es posible incluso cuando la lógica dice que no debería serlo.

Yo perdí la pierna izquierda porque él era una persona grande corpulenta, su cuerpo impidió que yo me llevara la mayor parte de la explosión, pero mi pierna estaba por fuera, me la destrozó.
— José Soto, exmilitar español
Sabía que lo lógico era no vivir
— José Soto, en el pódcast 'Un propósito'
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