El 12 de agosto, mientras la Luna cubría el Sol sobre España, el director de los Museos Científicos Coruñeses descubrió que la ciencia no borra del todo el miedo. Marcos Pérez Maldonado observó el eclipse desde A Coruña y, en los instantes en que la luz se desplomó, sintió lo mismo que sintieron los antiguos: la posibilidad de que el Sol no regresara. Ese momento íntimo revela una verdad más amplia sobre la condición humana: el conocimiento ilumina el mecanismo, pero no apaga la emoción que lo precede.