En el silencio del espacio, una roca que lleva más de dos décadas orbitando sin nombre propio acaba de recibir uno: San Sebastián. La Unión Astronómica Internacional honró así la trayectoria de Irina San Sebastián, astrónoma formada en La Plata, cuya investigación sobre la dinámica y estructura interna de los asteroides ha enriquecido la comprensión humana del sistema solar. Es un gesto que la ciencia practica pocas veces: inscribir un nombre humano en el cielo como testimonio de que el conocimiento también deja huella en el cosmos.