En un día de verano aparentemente ordinario en la costa mediterránea de Turquía, Arif Erman, padre de tres hijos, ignoró señales visibles de advertencia y se lanzó de cabeza a aguas de apenas medio metro de profundidad, pagando con su vida el precio de un instante de confianza excesiva en el propio juicio. Su muerte en Antalya el pasado viernes nos recuerda que los límites que la prudencia traza —a veces en forma de carteles y cuerdas— no son obstáculos a la libertad, sino umbrales que separan lo irreversible de lo posible.
Turquía: murió al lanzarse de cabeza en agua de 50 cm de profundidad
Arif Erman, de 39 años, casado y padre de tres hijos, murió por fractura de cuello tras el impacto en agua poco profunda.