Tukuy Rikuy: IA para acelerar justicia en violencia de género, pero con obstáculos culturales

Más de 652.273 expedientes de violencia familiar ingresaron entre 2015-2018 en Perú, pero solo se otorgaron 396.577 medidas de protección; casos se archivan en más del 90%.
La tecnología no corrige lo que los jueces cargan de prejuicio
El sistema Prometea puede automatizar búsquedas legales, pero si reproduce los sesgos machistas del Poder Judicial, solo acelera la discriminación.
Mark

¿Por qué un sistema de inteligencia artificial podría ser útil si el problema real es que los jueces tienen prejuicios machistas?

Mimi

Prometea no reemplaza al juez, lo asiste. Reduce el tiempo que tarda en buscar leyes relacionadas, detectar precedentes y redactar resoluciones. Si un caso tarda 160 días en dictamen, reducirlo a 38 días significa que las víctimas esperan menos tiempo. Pero tienes razón: si el juez que supervisa el proceso tiene sesgos, el sistema no los corrige.

Luke

Espera. ¿Cuántos expedientes de violencia de género están digitalizados en Perú? Porque si solo hay 180.000 expedientes electrónicos de 3.3 millones totales, Tukuy Rikuy no puede funcionar sin esos datos.

Mimi

Ese es exactamente el desafío técnico. Colombia enfrentó lo mismo y tuvo que adaptar el sistema a un modelo de aprendizaje supervisado que mezcla máquina y humano. Perú tendría que hacer algo similar.

Mark

¿Y la cultura machista? ¿Cómo se resuelve eso?

Mimi

No se resuelve con tecnología. Cedano de Demus es clara: se necesita una reforma estructural de la cultura judicial. Reconocer que el sistema es machista, capacitar a los jueces de verdad, y sancionar a quienes incurren en prácticas discriminatorias.

Luke

Pero aquí está el problema: el artículo dice que se han capacitado jueces desde 2011, y aún así hay sentencias que mencionan el color de la ropa interior de la víctima. ¿Qué garantiza que Tukuy Rikuy no reproduzca esos mismos patrones?

Mimi

Nada lo garantiza. Por eso Cárdenas insiste en que estos sistemas requieren intervención humana constante y auditoría. No es poner la tecnología y ya.

Mark

¿Entonces el proyecto está condenado al fracaso?

Mimi

No necesariamente. Argentina logró 100% de eficacia en 2018. Pero Perú tendría que resolver primero la digitalización, la cultura digital en los juzgados, y luego enfrentar la cuestión ética de los sesgos.

Luke

Y eso último es lo que nadie sabe cómo resolver. La tecnología es auditable, sí, pero ¿quién audita? ¿Quién decide si una sentencia es machista y la rechaza? Eso sigue siendo responsabilidad humana.

Mimi

Exacto. Por eso Cedano dice que si no se reconoce que el sistema es machista y que las personas que incurren en eso deben salir de la atención de estos casos, la tecnología no va a cambiar nada.

Mark

¿Hay voluntad política para hacer eso?

Mimi

Barrios anunció el proyecto, así que hay voluntad para implementar tecnología. Pero la voluntad para hacer una reforma estructural de la cultura judicial es otra cosa.

  • Más de 652.000 expedientes de violencia familiar ingresaron al sistema judicial peruano entre 2015 y 2018, pero más del 90% terminaron archivados sin protección real para las víctimas.
  • El Poder Judicial apuesta por la inteligencia artificial como solución urgente, pero solo 180.000 de 3,3 millones de expedientes están digitalizados, dejando al sistema sin la materia prima que necesita para funcionar.
  • El algoritmo Prometea, que en Buenos Aires alcanzó el 100% de eficacia, enfrenta en Perú un obstáculo invisible: si aprende de sentencias que culpan a las víctimas, reproducirá esa injusticia a mayor velocidad.
  • Expertas como María Ysabel Cedano advierten que ninguna tecnología puede sustituir la reforma cultural que el Poder Judicial necesita, mientras sentencias como la de Ica —que describió la ropa interior de la víctima— siguen siendo posibles.

En enero de 2021, el Poder Judicial del Perú anunció Tukuy Rikuy, un sistema de inteligencia artificial inspirado en el software argentino Prometea, con la promesa de reducir drásticamente los tiempos de resolución en casos de violencia de género. Detrás de esa promesa tecnológica se esconde una realidad que la máquina no puede corregir por sí sola: más del 90% de los casos se archivan, y los sesgos machistas que han fallado a las víctimas durante décadas podrían simplemente acelerarse si la cultura judicial no se transforma de raíz. La herramienta llega a un sistema donde la justicia, para muchas mujeres, ha sido siempre una promesa diferida.

Para una mujer que ha sufrido violencia en Perú, el camino hacia la justicia puede durar más de veinte años, o no llegar nunca. Entre 2015 y 2018, cerca de 652.273 expedientes de violencia familiar ingresaron a los juzgados del país, pero solo se otorgaron 396.577 medidas de protección. Más del 90% de los casos terminan archivados.

A inicios de 2021, la presidenta del Poder Judicial, Elvia Barrios, anunció Tukuy Rikuy, un proyecto de inteligencia artificial orientado a automatizar y acelerar la atención de estos casos. El sistema se basa en Prometea, un software desarrollado en 2017 por la Fiscalía de Buenos Aires, capaz de predecir sentencias en menos de veinte segundos. En Argentina, la herramienta redujo procesos que tomaban meses a apenas semanas, y en 2018 logró una eficacia del 100% ante el Tribunal Superior de Justicia.

Sin embargo, los desafíos que enfrenta Perú son de otra naturaleza. De los 3,3 millones de expedientes pendientes en el Poder Judicial, solo 180.000 están digitalizados. Hay jueces que aún exigen atención presencial para resolver procesos, y la carga procesal en muchos juzgados supera los 5.000 expedientes. Colombia, al implementar su propia versión del sistema, tuvo que adaptarlo para combinar la decisión humana con la máquina y alcanzar tasas de acierto superiores al 90%.

Pero el obstáculo más profundo no es técnico. El abogado Ronald Cárdenas advierte que un algoritmo aprende del comportamiento de quienes lo alimentan: si los jueces han avalado sentencias que culpan a las víctimas, el sistema aprenderá a hacer lo mismo. En Ica, una sentencia hizo referencia explícita al color y tipo de ropa interior de la víctima, desatando protestas públicas. María Ysabel Cedano, de la ONG Demus, es directa: no se trata solo de falta de capacitación, sino de una cultura machista profundamente arraigada que considera que las mujeres deben comportarse de cierta manera para merecer protección. Sin una reforma estructural que reconozca y sancione esos sesgos, concluyen los expertos, Tukuy Rikuy podría convertirse en una herramienta que reproduce la injusticia con mayor eficiencia.

A una mujer que ha sufrido violencia de género le puede tomar más de veinte años encontrar justicia en Perú, o quizás nunca la encuentre. Según la Defensoría del Pueblo, si el proceso no se archiva, el tiempo mínimo es aproximadamente un año. Pero las cifras revelan una realidad más cruda: entre 2015 y noviembre de 2018, ingresaron cerca de 652.273 expedientes de violencia familiar en 33 distritos judiciales del país, pero solo se otorgaron 396.577 medidas de protección a las denunciantes. Más del 90% de los casos de violencia de género terminan archivados.

A inicios de enero de 2021, la presidenta del Poder Judicial, Elvia Barrios, anunció un proyecto llamado Tukuy Rikuy, orientado a lograr "la automatización y reducción dramática de los tiempos de atención en casos de violencia de género". El proyecto está liderado por César San Martín, expresidente de la Corte Suprema de Justicia, e implementado en alianza con la Universidad de Buenos Aires. Se espera que arroje resultados iniciales para fines del primer semestre de 2021. El sistema se basa en Prometea, un software de inteligencia artificial desarrollado en 2017 por la Fiscalía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Prometea funciona como un asistente virtual que puede predecir sentencias en menos de veinte segundos, basándose en antecedentes y resoluciones de casos similares. El algoritmo busca leyes vigentes relacionadas con el caso, detecta similitudes con otros procesos y redacta un documento con la posible solución. En Buenos Aires, la herramienta demostró reducir significativamente los tiempos: la elaboración de un pliego de contrataciones se redujo de 90 minutos a uno solo, un acto administrativo de 27 minutos a cinco, y en promedio otros procesos de 72 minutos a doce. Un dictamen no autosuficiente pasó de 160 días a 38, y un dictamen de amparo habitacional de 190 días a 42. En 2018, logró una eficacia del 100% al convalidar todas las recomendaciones efectuadas por el software ante el Tribunal Superior de Justicia argentino.

Pero la tecnología enfrenta cuestionamientos fundamentales. A diferencia de otros sistemas que usan deep learning, Prometea es abierto y auditable, lo que permite que los operadores de justicia supervisen el proceso. Sin embargo, el algoritmo reproduce el proceder de la magistratura del país en el que se implementa. Esto significa que si un juzgado avala sentencias que culpan a las víctimas en lugar de los agresores, el sistema perpetuará esos sesgos. En Ica, una sentencia contra una mujer hizo mención específica al color y tipo de ropa interior de la víctima, lo que generó protestas públicas exigiendo la anulación de la sentencia y la sanción a los jueces. Ronald Cárdenas, abogado e investigador en temas de Derecho y Bioética, advierte que estos sistemas son creados y programados por seres humanos, por lo que es posible que terminen cargados con los prejuicios de quienes los desarrollan. Además, el acto de juzgar no es meramente mecánico: depende de factores técnicos y racionales, pero también del aspecto emocional.

Perú enfrenta desafíos técnicos significativos. De los 3.3 millones de expedientes que están a la espera de resolución en el Poder Judicial, solo 180.000 son electrónicos y están en etapa piloto. La digitalización de expedientes ha sido un objetivo anunciado durante años sin resultados concretos. Además, existe escasa cultura digital dentro del Poder Judicial: hay jueces que todavía insisten en la atención presencial para resolver algunos procesos. La Defensoría del Pueblo ha advertido que la carga procesal es abrumadora, con juzgados que soportan entre 4.000 y 5.000 expedientes. Colombia enfrentó un problema similar al implementar PretorIA, su versión del sistema, y tuvo que adaptarlo a un "sistema de aprendizaje automático supervisado" que mezcla el actuar entre el humano y la máquina para lograr tasas de acierto superiores al 90%.

Pero el obstáculo más profundo es cultural. María Ysabel Cedano, de la ONG Demus, señala que existe una cultura machista muy fuerte y arraigada que justifica la violencia contra las mujeres. Un informe de La República evidenció que en casos de violencia de género en línea, entre 2019 y 2020 se recibieron 3.243 denuncias, pero el Poder Judicial solo dio sentencia a tres de ellas, archivó 539 y dejó 2.701 en investigación. Aunque se han implementado capacitaciones con enfoque de género desde 2011, las sentencias que culpan a las mujeres por sus ataques siguen ocurriendo. Cedano enfatiza que no se trata solo de falta de capacitación: "Hay una cultura muy fuerte y arraigada en nuestro país que justifica, que es machista en extremo y que realmente considera que nosotras debemos tener determinadas conductas, determinada resistencia". Sin una reforma estructural que reconozca y sancione estas prácticas, advierte, la tecnología podría simplemente reproducir los mismos sesgos a mayor velocidad.

Hay una cultura muy fuerte y arraigada en nuestro país que justifica, que es machista en extremo y que realmente considera que nosotras debemos tener determinadas conductas
— María Ysabel Cedano, abogada de Demus
Si no se reconoce que se tiene que hacer una reforma estructural de la cultura del sistema de justicia y reconocer que es machista, que es racista, y que las personas que incurran en eso deben salir de la atención de estos casos, por más que les dictes un diplomado de género, dudo mucho que van a cambiar
— María Ysabel Cedano, abogada de Demus
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