Trump visita a Carlos III mientras su círculo agita la política británica a favor de los ultras

Las manifestaciones ultraderechistas en Londres generaron tensiones sociales y riesgos de violencia, con llamados explícitos a la confrontación dirigidos a ciudadanos británicos.
La violencia vendrá a ustedes. O luchan o mueren.
Mensaje de Elon Musk transmitido en pantallas gigantes durante la manifestación ultraderechista de Londres.

Más de 110.000 personas protestaron en Londres bajo consignas trumpistas, con Musk incitando la 'revolución' desde plataformas digitales y apoyando a Tommy Robinson sobre Nigel Farage. Trump será recibido con ceremonia de Estado en Windsor y se reunirá con Starmer en Chequers para firmar acuerdos bilaterales por 10.000 millones de dólares con ejecutivos de Silicon Valley.

  • Más de 110.000 personas protestaron en Londres bajo consignas trumpistas el sábado
  • Trump es el primer mandatario electo en recibir dos invitaciones de la familia real británica
  • Starmer registra un índice de desaprobación del 69% según YouGov
  • Acuerdos bilaterales valorados en 10.000 millones de dólares serán firmados durante la visita
  • Solo el 16% de los británicos tiene percepción positiva de Trump

Trump realiza su segunda visita oficial a Reino Unido como primer mandatario electo en recibir dos invitaciones de la familia real, mientras Elon Musk impulsa movilizaciones ultraderechistas y polariza la política británica.

Donald Trump guardó silencio sobre la manifestación de más de 110.000 personas que colapsó el centro de Londres el sábado pasado, un acto convocado bajo el lema Unite the Kingdom y animado públicamente por Elon Musk desde plataformas digitales. Tres días después, el presidente estadounidense llegaba a Reino Unido para lo que se convertiría en su segunda invitación oficial de la familia real británica, un hito sin precedentes para cualquier mandatario electo en el mundo.

La visita tiene un peso simbólico que Trump no dejó pasar por alto. Cuando Keir Starmer, primer ministro laborista, le entregó la carta de invitación de Carlos III durante un encuentro en febrero en el Despacho Oval, le explicó que esto nunca había sucedido antes. Trump respondió con satisfacción, refiriéndose al monarca como un hombre hermoso y maravilloso. Ahora, mientras se preparaba para ser recibido en el Castillo de Windsor con toda la pompa de una ceremonia de Estado —carruaje, banquete, desfile aéreo de cazas F-35 y salva de cañones—, la política británica hervía de tensiones que él prefería no comentar.

Elon Musk, el magnate sudafricano dueño de X, se había convertido en el principal agitador de la polarización política británica. Durante la manifestación del sábado, cuando miles de personas se concentraron frente a Whitehall, su rostro apareció en pantallas gigantes. Su mensaje fue directo: "Elijan o no la violencia, la violencia vendrá a ustedes. O luchan o mueren". Musk estaba impulsando la imagen pública de Tommy Robinson, el organizador de las protestas, mientras socavaba públicamente a Nigel Farage, líder del partido ultraderechista Reform UK, a quien había criticado meses atrás por tener una postura débil sobre inmigración. El llamamiento recordaba a su intervención en un mitin de campaña del partido alemán Alternativa para Alemania.

Pero la realidad política británica no se ajustaba fácilmente al molde trumpista que Musk intentaba imponer. Según una encuesta reciente de YouGov, solo el 16% de los británicos tenía una percepción positiva de Trump, una cifra incluso inferior a la del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. Sin embargo, un sector creciente de la sociedad británica compartía sus ideas. Starmer condenó públicamente los llamados a la violencia de un multimillonario extranjero durante una reunión de gabinete, mientras que en redes sociales había defendido el derecho a manifestarse pacíficamente pero rechazado cualquier agresión a la policía o intimidación basada en origen o color de piel.

La visita de Trump llegaba en el peor momento político para Starmer. El primer ministro registraba un índice de desaprobación del 69%, golpeado por la dimisión de Angela Rayner, su número dos, quien había eludido impuestos en la compra de una vivienda, y por el cese de Peter Mandelson, embajador en Washington, cuya amistad cercana con Jeffrey Epstein había salido a la luz cuando la Cámara de Representantes hizo públicos documentos en los que Mandelson expresaba su estima por el condenado magnate. Paradójicamente, Trump también había mantenido una fuerte relación de amistad con Epstein, un tema que probablemente nadie querría abordar durante la visita, especialmente considerando que el escándalo había afectado también al príncipe Andrés, hermano menor del rey Carlos III.

A pesar de todo, Starmer había logrado construir una relación de confianza con Trump que pocos líderes europeos poseían. La visita oficial tenía un propósito económico claro: la firma de acuerdos bilaterales valorados en 10.000 millones de dólares. Trump no viajaba solo; lo acompañaban Tim Cook de Apple, Jensen Huang de Nvidia y Sam Altman de OpenAI. Starmer buscaba convertir Reino Unido en un hub tecnológico que atrajera las grandes fortunas de Silicon Valley. El encuentro entre ambos líderes tendría lugar no en el número 10 de Downing Street, sino en Chequers, la casa de campo oficial, un entorno rural elegido deliberadamente para evitar protestas.

Mientras tanto, la crisis de Starmer fortalecía a sus enemigos políticos. Reform UK lideraba las encuestas a pesar de las críticas de Musk, revelando divisiones internas en la derecha radical británica. Farage, el principal promotor del Brexit, se mantenía deliberadamente alejado de Tommy Robinson, cuyo nombre real es Stephen Yaxley-Lennon y cuyo historial incluía militancia en el Partido Nacional Británico de ideología fascista, antecedentes por agresión y fraude hipotecario, y una prohibición en X que solo fue levantada cuando Musk compró la plataforma. Farage sabía que Robinson podía ser políticamente radiactivo en su esfuerzo por atraer nuevos votantes. La visita de Trump, con toda su carga simbólica, se desarrollaría sobre un terreno político cada vez más fracturado.

Esto es realmente especial. Esto nunca ha sucedido antes. Es algo sin precedentes.
— Keir Starmer, explicando a Trump que era el primer mandatario electo en recibir dos invitaciones de la familia real
No toleraremos agresiones a los agentes de policía ni que haya personas que se sientan intimidadas en nuestras calles por su origen o el color de su piel.
— Keir Starmer, en redes sociales tras las manifestaciones
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Trump guardó silencio sobre una manifestación de 110.000 personas que sucedió justo antes de su llegada?

Model

Porque reconocerla lo habría obligado a tomar posición sobre Musk, su aliado, o a condenar a sus propios simpatizantes. El silencio fue la opción más cómoda.

Inventor

¿Qué significa que sea el primer mandatario electo en recibir dos invitaciones de la familia real?

Model

Para Trump, es una validación de su estatus internacional. Para Starmer, es una herramienta diplomática que necesita desesperadamente mientras su gobierno se desmorona por escándalos internos.

Inventor

¿Cómo es posible que Musk tenga tanto poder para agitar la política británica?

Model

Controla X, la plataforma donde se forma la opinión pública ahora. Y tiene dinero y visibilidad global. Pero su poder tiene límites: solo el 16% de los británicos lo ve favorablemente.

Inventor

¿Por qué Farage se mantiene alejado de Tommy Robinson si ambos son de extrema derecha?

Model

Porque Robinson es radiactivo. Su historial de violencia y fraude lo hace políticamente tóxico. Farage quiere captar votantes nuevos, no consolidar a los ya radicalizados.

Inventor

¿Qué pasa con el escándalo de Epstein en todo esto?

Model

Amenaza con empañar la visita porque tanto Trump como Mandelson, quien negoció esta relación, tenían vínculos con Epstein. Pero nadie quiere hablar de ello. Es demasiado incómodo para todos.

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