En un momento que pone a prueba los límites entre el poder ejecutivo y la libertad de prensa, Donald Trump ha cerrado las puertas de la Casa Blanca a CNN, MSNBC y Politico, acusándolos de difundir información falsa. La medida, inusual en su alcance para la era moderna, convierte años de hostilidad retórica en una acción administrativa concreta. Lo que está en juego no es solo el acceso de tres organizaciones periodísticas, sino la pregunta más profunda sobre quién tiene el derecho de observar y cuestionar al poder en una democracia.