En el ciclo eterno de quienes gobiernan a través del símbolo tanto como de la ley, el presidente Trump publicó en Truth Social un mapa donde Nuevo México aparecía renombrado como Nueva América, apenas días después de firmar un decreto que rebautizó el Lago Ontario. El gesto, desprovisto de explicación formal, reaviva una pregunta tan antigua como el poder mismo: ¿quién tiene la autoridad de nombrar la tierra, y qué significa renombrarla? Un estado con más de un siglo de historia bajo su nombre contempla, desde la ambigüedad de una red social, la posibilidad de una nueva identidad impuesta.