En el complejo tablero de Oriente Medio, el presidente Trump se encontró dos veces en una semana ante hechos consumados por su aliado israelí: un bombardeo a la única iglesia católica de Gaza y ataques aéreos sobre Damasco que contradecían los esfuerzos diplomáticos de su propia administración. Ambas veces tomó el teléfono para llamar a Netanyahu, gesto que revela no solo la urgencia del momento, sino la fragilidad de una alianza que, bajo la superficie de los gestos públicos, acumula silencios y desconfianzas. Lo que emerge no es simplemente una disputa táctica entre dos gobiernos, sino la te
Trump sorprendido por acciones de Israel en Gaza y Siria; crece escepticismo hacia Netanyahu
Trump llamó para rectificar, pero Netanyahu se fue sin acuerdo
¿Por qué Trump se sorprendió? ¿No debería estar coordinado con Netanyahu en estas cosas?
Aparentemente no. La Casa Blanca dice que fueron sorpresas, y Trump tuvo que llamar para "rectificar". Eso sugiere que Netanyahu actuó sin consultarlo primero.
Pero espera. ¿Qué significa "rectificar"? ¿Pidió que parara? ¿Que emitiera un comunicado? La Casa Blanca solo dice que Trump llamó. No sabemos qué se dijeron realmente.
Bien punto. Entonces, ¿cuál es el verdadero problema aquí? ¿Es que Trump no quiere que Israel ataque civiles, o es que quiere control sobre las decisiones de Israel?
Probablemente ambas cosas. Trump dice que quiere paz y que le molesta ver muertes. Pero también está trabajando en reconstruir Siria, y los ataques israelíes en Damasco complican eso. Es un conflicto de prioridades.
Tres personas murieron en la iglesia. Más de mil han muerto buscando ayuda humanitaria. Esos números son reales. Pero la pregunta de si Trump realmente tiene influencia sobre Netanyahu, o si solo está haciendo gestos públicos, eso no está respondido en el reportaje.
¿Y las negociaciones de alto el fuego? ¿Están muertas?
No está claro. Hamas dice que está trabajando 24 horas. Los mediadores presentaron una propuesta. Pero Netanyahu se fue de Washington sin un acuerdo, y una semana después, nada.
Exacto. Sabemos que hay una propuesta sobre la mesa. Sabemos que Hamas dice que está negociando. Pero no sabemos qué dice la propuesta, qué pide Hamas, o por qué Netanyahu no se comprometió. Hay mucho que no sabemos.
Entonces, ¿cuál es la historia real? ¿Que Trump está molesto con Netanyahu?
Que Trump está molesto, sí. Pero también que su influencia sobre Netanyahu podría ser limitada. Y que mientras ellos negocian, la gente sigue muriendo.
The Pulse
- Trump fue tomado por sorpresa dos veces en una semana por acciones militares israelíes que no anticipó ni aprobó, lo que expone los límites reales de su influencia sobre Netanyahu.
- Tres personas murieron en el ataque a la iglesia católica de Gaza, y Trump exigió personalmente que Netanyahu emitiera un comunicado reconociendo el hecho como un error.
- Los bombardeos israelíes sobre Damasco llegaron justo cuando la administración Trump trabajaba en reconstruir Siria bajo el nuevo liderazgo de Ahmed al-Sharaa, complicando meses de gestión diplomática.
- Netanyahu visitó la Casa Blanca a principios de julio, nominó a Trump para el Nobel de la Paz y se fue sin firmar ningún acuerdo de alto el fuego, dejando las negociaciones completamente estancadas.
- Más de mil personas han muerto buscando ayuda humanitaria en Gaza desde finales de mayo, mientras 25 países occidentales condenan a Israel por distribuir esa ayuda a cuentagotas.
- Hamas dice trabajar sin descanso para alcanzar un acuerdo, pero aún no ha respondido a la última propuesta de los mediadores, y el estancamiento se prolonga sin fecha de resolución.
En el complejo tablero de Oriente Medio, el presidente Trump se encontró dos veces en una semana ante hechos consumados por su aliado israelí: un bombardeo a la única iglesia católica de Gaza y ataques aéreos sobre Damasco que contradecían los esfuerzos diplomáticos de su propia administración. Ambas veces tomó el teléfono para llamar a Netanyahu, gesto que revela no solo la urgencia del momento, sino la fragilidad de una alianza que, bajo la superficie de los gestos públicos, acumula silencios y desconfianzas. Lo que emerge no es simplemente una disputa táctica entre dos gobiernos, sino la tensión más profunda entre quien se proclama pacificador y quien continúa haciendo la guerra.
La semana pasada, Donald Trump recibió dos noticias que no esperaba: Israel había bombardeado la única iglesia católica de Gaza, matando a tres personas, y había lanzado ataques aéreos contra edificios gubernamentales en Damasco. En ambos casos, Trump llamó directamente a Netanyahu para, en palabras de la Casa Blanca, "rectificar" lo ocurrido. La secretaria de Prensa Karoline Leavitt confirmó que el presidente actuó con rapidez, pero su intervención dejó al descubierto algo más incómodo: que Netanyahu no siempre consulta con Washington antes de actuar.
El ataque a la iglesia resultó especialmente problemático. Trump exigió que Netanyahu emitiera un comunicado público reconociendo el bombardeo como un error. Mientras tanto, los ataques sobre Damasco llegaron en el peor momento posible: la administración trabaja activamente en la reconstrucción de Siria bajo el liderazgo del exrebelde Ahmed al-Sharaa, a quien Trump ha respaldado y para quien ha aliviado sanciones. Los bombardeos israelíes amenazaban con deshacer esos esfuerzos.
La relación entre ambos líderes ha sido siempre más compleja de lo que sugieren sus gestos públicos. A principios de julio, Netanyahu visitó la Casa Blanca, cenó en el Salón Azul y presentó una carta nominando a Trump para el Premio Nobel de la Paz. Trump esperaba que esa visita produjera un avance real en las negociaciones de alto el fuego en Gaza, incluyendo la liberación de rehenes y un aumento de la ayuda humanitaria. Netanyahu se fue de Washington sin anunciar ningún acuerdo.
Casi una semana después de que los mediadores presentaran a Hamas la última propuesta, todas las partes siguen esperando respuesta. Hamas asegura trabajar sin descanso para alcanzar un acuerdo, pero el estancamiento persiste. Mientras tanto, más de mil personas han muerto buscando ayuda humanitaria en Gaza desde finales de mayo, y 25 países occidentales han condenado a Israel por distribuir esa ayuda de forma insuficiente. La alianza entre Washington y Tel Aviv sigue siendo públicamente sólida, pero las grietas son cada vez más difíciles de ignorar.
La semana pasada, el presidente Donald Trump recibió noticias que lo dejaron desconcertado: ataques israelíes en dos frentes distintos que no había anticipado. Primero, un bombardeo contra la única iglesia católica de Gaza. Luego, ataques aéreos israelíes contra edificios del gobierno sirio en Damasco. En ambos casos, Trump tomó el teléfono y llamó directamente al primer ministro Benjamin Netanyahu para, en palabras de la Casa Blanca, "rectificar" lo ocurrido. La secretaria de Prensa Karoline Leavitt confirmó el lunes que el presidente había actuado con rapidez en ambas situaciones, subrayando una dinámica que según fuentes cercanas se ha vuelto cada vez más tensa entre los dos líderes.
El ataque a la iglesia de Gaza resultó particularmente problemático para Trump. Tres personas murieron en el bombardeo, y la reacción fue inmediata: Trump exigió que Netanyahu emitiera un comunicado público reconociendo el ataque como un error. La preocupación del presidente por las muertes civiles en Gaza ha crecido notablemente. Leavitt señaló que Trump observa con inquietud creciente cómo la guerra se cobra más vidas cada día, y que al presidente "no le gusta ver eso". Simultáneamente, los ataques aéreos contra Damasco llegaron en un momento delicado: la administración Trump está trabajando activamente en la reconstrucción de Siria bajo el nuevo liderazgo del exrebelde Ahmed al-Sharaa, a quien Trump ha apoyado y para quien ha aliviado las sanciones. Los bombardeos israelíes complicaban esos esfuerzos.
La relación entre Trump y Netanyahu ha sido siempre complicada, a pesar de que ambos se consideran aliados fuertes. Según personas familiarizadas con la dinámica, los dos líderes no mantienen una relación personal cercana, y ha habido momentos teñidos de desconfianza mutua. Sin embargo, hace apenas semanas parecían estar más unidos que nunca. Trump había decidido unirse a la campaña aérea de Israel contra Irán durante el verano, y Netanyahu visitó la Casa Blanca a principios de julio. Durante una cena en el Salón Azul, Netanyahu realizó un gesto espectacular: presentó una carta que había escrito nominando a Trump para el Premio Nobel de la Paz. El presidente esperaba que esa visita de cuatro días produjera un avance significativo en las negociaciones de alto el fuego en Gaza, que incluiría la liberación de rehenes aún en poder de Hamas y un aumento sustancial de la ayuda humanitaria permitida en el enclave sitiado.
Pero Netanyahu se fue de Washington sin anunciar ningún acuerdo. Casi una semana después de que los mediadores presentaran a Hamas la última propuesta de alto el fuego y liberación de rehenes, todas las partes siguen esperando. Según dos fuentes familiarizadas con las negociaciones, los líderes de Hamas en Gaza aún no han respondido. Hamas declaró el lunes que está "desplegando todos sus esfuerzos y energías las 24 horas" para alcanzar un acuerdo, pero el estancamiento persiste.
La frustración de Trump con la situación humanitaria en Gaza es palpable. Leavitt argumentó que el presidente es "la razón por la que se distribuye la ayuda en Gaza" y que quiere que se haga "de forma pacífica, evitando así la pérdida de más vidas". Sin embargo, los números cuentan una historia diferente. Más de mil personas han muerto buscando ayuda humanitaria en Gaza desde finales de mayo, según el Ministerio de Salud del territorio. Además, 25 países occidentales condenaron recientemente a Israel por introducir la ayuda a cuentagotas en el enclave. Leavitt caracterizó la situación como "muy difícil y compleja" que Trump heredó de la administración anterior, argumentando que el presidente merece reconocimiento por sus esfuerzos.
Lo que emerge de estos eventos es una tensión creciente entre dos aliados que, a pesar de sus gestos públicos de cercanía, parecen tener visiones divergentes sobre cómo proceder. Trump quiere ver el fin de la violencia y un acuerdo de alto el fuego; Netanyahu, según los reportes, ha salido de Washington sin comprometerse a ello. Las acciones israelíes sorpresivas en Gaza y Siria sugieren que Netanyahu no siempre consulta con Trump antes de actuar, o que simplemente procede según sus propios cálculos estratégicos. Para Trump, que se ve a sí mismo como mediador y pacificador en Oriente Medio, estas sorpresas son incómodas. Las negociaciones de alto el fuego permanecen estancadas, la ayuda humanitaria sigue siendo insuficiente, y la relación entre Washington e Israel, aunque públicamente sólida, muestra grietas cada vez más visibles.
Notable Quotes
El bombardeo en Siria y el de una iglesia católica en Gaza lo tomaron por sorpresa. En ambos casos, el presidente llamó rápidamente al primer ministro para rectificar esas situaciones.— Karoline Leavitt, secretaria de Prensa de la Casa Blanca
El presidente no le gusta ver eso. Quiere que cese la matanza.— Karoline Leavitt, sobre la preocupación de Trump por las muertes en Gaza