Casi dos años después de prometer un auge económico sin precedentes, Donald Trump enfrenta una realidad que no coincide con sus palabras: crecimiento modesto, inflación persistente, una deuda nacional que supera los 40 billones de dólares y una aprobación económica que ha caído al 32%. En lugar de reconocer las contradicciones entre sus propias políticas y los resultados obtenidos, el presidente busca culpables en la Reserva Federal y los mercados. Es la historia antigua del poder que promete el amanecer y luego discute con la luz del día.