En el cruce entre la retórica simbólica y la política exterior, Donald Trump ha propuesto renombrar el océano Atlántico o el Pacífico como 'océano América', siguiendo la misma lógica con la que ya rebautizó el golfo de México y, más recientemente, el lago Ontario. Estos gestos, que solo tienen efecto dentro de los registros federales estadounidenses, revelan una voluntad de reescribir la geografía compartida como extensión del poder nacional. El momento no es casual: las tensiones comerciales con Canadá escalan semana a semana, y los mapas parecen haberse convertido en otro frente de disputa.