En el cruce entre el ego y la ley, el Centro Kennedy —símbolo de la vida cultural de Washington— ha quedado paralizado por una disputa que comenzó como una cuestión de nomenclatura y se convirtió en una crisis institucional. Un tribunal federal bloqueó la colocación del nombre de Donald Trump en la fachada del edificio, y el expresidente respondió ordenando el cierre del centro y amenazando con retener 257 millones de dólares en fondos. Lo que se debate en el fondo no es solo un nombre en una pared, sino hasta dónde puede llegar el poder de un donante influyente para doblar la voluntad de una