En un giro que reescribe décadas de antagonismo hemisférico, Washington y Caracas negocian hoy la participación estadounidense en los campos petroleros venezolanos —los más vastos del planeta— bajo estructuras que podrían incluir arrendamientos de hasta un siglo. La administración Trump, que hace apenas meses mantenía sanciones estrictas contra Venezuela, busca ahora algo más profundo que el crudo: influencia sobre el orden político que emerja tras Maduro. Este acercamiento, impulsado también por una reforma venezolana que abre el sector energético al capital extranjero, plantea preguntas anti