En el umbral de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump lleva a Nueva York no solo un discurso, sino una estrategia de confrontación con el orden multilateral: sanciones sin precedente contra el Tribunal Penal Internacional que, al bloquear transacciones en dólares, podrían paralizar la institución que ordenó el arresto de Netanyahu. En un momento en que la inflación presiona al electorado estadounidense y Oriente Próximo arde, el presidente convierte el escenario diplomático global en extensión de sus batallas domésticas e ideológicas. La tensión entre la soberanía nacional y la justicia