En el corazón de Texas, Donald Trump reunió a su partido en una convención que aspiraba a ser histórica pero que llegó marcada por las ausencias y el desánimo. Con las elecciones de mitad de mandato acercándose como un horizonte incierto, el presidente convocó a los suyos en Dallas mientras decenas de candidatos republicanos, temerosos de cargar con el peso de su impopularidad, eligieron mantenerse a distancia. Es el retrato de un liderazgo que aún moviliza a los más fieles, pero que ya no arrastra con la misma fuerza a quienes deben ganar votos en terrenos disputados.