En el otoño de 2026, la disputa comercial entre Estados Unidos y Canadá alcanza una nueva cima de tensión cuando Donald Trump emite decretos que prohíben importaciones canadienses y eleva aranceles al 50%, mientras Ottawa responde con sobretasas propias. Lo que comenzó como una escaramuza arancelaria se ha transformado en una confrontación que pone a prueba la interdependencia económica de dos naciones cuyo destino comercial ha estado entrelazado durante generaciones. El primer ministro Mark Carney enfrenta la paradoja de quien debe resistir para preservar la soberanía, sabiendo que la resiste