En el umbral del otoño de 2026, la relación comercial más extensa del hemisferio occidental se fractura con una velocidad que sorprende incluso a sus protagonistas. Donald Trump, desde su plataforma digital, exige que las empresas canadienses abandonen su país y se instalen en suelo estadounidense, mientras Ottawa responde con represalias calculadas al centavo. Lo que comenzó como una disputa arancelaria revela, en su fondo, una pregunta más antigua: hasta dónde puede un vecino poderoso redefinir las reglas de la convivencia económica antes de que el otro decida que ya no hay mesa en la que se
Trump insta a empresas canadienses a trasladarse a EE.UU. para evadir aranceles
Encuesta indica que dos de cada cinco canadienses temen perder sus empleos ante la escalada comercial.