Mientras Donald Trump convierte la amenaza del socialismo en arma electoral, su administración ha adquirido participaciones en treinta empresas privadas por valor de 27.000 millones de dólares, tejiendo una contradicción que desafía las categorías ideológicas del siglo XX. Lo que se presenta como defensa estratégica frente a China revela, en el fondo, una vieja tensión humana: la distancia que separa el discurso del poder de las decisiones que ese poder toma en silencio.