En un momento en que los drones definen cada vez más el rostro de la guerra y el comercio, el presidente Trump firmó una proclamación que impone aranceles de hasta el 100% sobre estas aeronaves y sus componentes importados, invocando la seguridad nacional como brújula moral y estratégica. La medida no trata a todos los países por igual: distingue aliados de adversarios, tecnologías sensibles de ordinarias, y urgencia de gradualidad. Es, en su esencia, un intento de redibujar la geografía industrial de Estados Unidos antes de que otros lo hagan por él.