Trump frustra por debilidad del equipo legal en disputa electoral

No está probado que puedan tener la infraestructura que necesitan
Un abogado electoral republicano explica por qué el equipo legal de Trump carece del alcance que tuvo Bush en 2000.
Mark

¿Por qué Trump no podía simplemente contratar a los mejores abogados disponibles? ¿Qué lo detenía?

Mimi

La credibilidad. Cuando tus asesores públicos son Rudy Giuliani y Pam Bondi, los abogados de élite que podrían ganar un caso simplemente no quieren estar asociados con eso. Es un problema de marca.

Mark

Pero en 2000, Bush movilizó a cientos de abogados. ¿Qué era diferente?

Mimi

Escala y claridad. En Florida había un estado, un margen estrecho, una pregunta legal clara. En 2020, Trump necesitaba pelear en múltiples estados a la vez con demandas que los propios abogados no veían como viables. Es abrumador.

Mark

¿Entonces los abogados de Trump simplemente se negaban a hacer lo que él pedía?

Mimi

No exactamente. Había una brecha entre lo que Trump quería que hicieran y lo que los abogados creían que podían hacer sin violar la ética profesional. Es un conflicto clásico entre cliente y abogado.

Mark

¿Qué hubiera pasado si Trump hubiera logrado ganar Arizona y Georgia?

Mimi

Habría podido concentrar todo en un solo estado. Eso habría hecho el trabajo más manejable, más enfocado. Pero para entonces, el momento ya había pasado.

  • Trump cuestionó la capacidad de su equipo legal en Pensilvania, Arizona, Georgia y Michigan
  • En 2000, Bush movilizó cientos de abogados para Florida; en 2020, Trump enfrentaba impugnaciones en múltiples estados
  • Rudy Giuliani y Pam Bondi encabezaban el esfuerzo público; su credibilidad había disminuido entre abogados de élite
  • Abogados como Noel Francisco, Emmet Flood y Cleta Mitchell no habían aparecido en los tribunales

Trump cuestiona la capacidad de su equipo legal para defender sus intereses en tribunales durante la disputa electoral en estados clave como Pensilvania, Arizona, Georgia y Michigan. A diferencia del recuento de Florida 2000, donde Bush movilizó cientos de abogados de élite, Trump enfrenta dificultades para atraer talento legal de primer nivel debido a la credibilidad disminuida de sus asesores públicos.

Trump expresa frustración porque su equipo legal carece del calibre de abogados de élite que tuvo Bush en 2000, mientras lidia con impugnaciones en múltiples estados.

A mediados de noviembre de 2020, mientras los resultados electorales se consolidaban en favor de Joe Biden, Donald Trump enfrentaba un problema que iba más allá de los números: su equipo legal carecía del calibre de abogados de élite que había movilizado George W. Bush dos décadas atrás durante el recuento de Florida. Aunque la estrategia en los niveles más altos estaba en manos de abogados experimentados, la operación sobre el terreno—la que realmente litigaría en los tribunales estatales—lucía débil y desorganizada a los ojos del presidente.

Trump estaba frustrado. Según personas cercanas a él, cuestionaba por qué su equipo legal no parecía más competente, más coordinado, más capaz de defender sus intereses en los tribunales. Le pidió a sus asesores que buscaran mejores abogados. El problema era que los rostros públicos de su estrategia legal—Rudy Giuliani y Pam Bondi, la ex fiscal general de Florida—habían visto erosionada su credibilidad entre el tipo de talento jurídico de primer nivel que una campaña presidencial necesita en una batalla electoral seria.

En el equipo legal que trabajaba en estados clave como Pensilvania, Arizona, Georgia y Michigan estaban Jay Sekulow, el abogado conservador que había liderado la defensa de Trump durante la investigación del fiscal especial Robert Mueller, y William Consovoy, quien había encabezado los esfuerzos del presidente para bloquear el acceso a sus registros financieros. Estos eran abogados leales, experimentados, pero no eran los nombres que una campaña presidencial típicamente convoca para una impugnación electoral de esta magnitud.

Benjamin Ginsberg, el destacado abogado electoral republicano que había asesorado a las campañas de Bush, explicó la escala del desafío. En el año 2000, cuando todo se redujo a Florida, una sola llamada telefónica movilizó a cientos de abogados, operadores políticos y otros profesionales. Incluso así, el esfuerzo exigió al partido republicano hasta sus límites. Ahora Trump enfrentaba impugnaciones en múltiples estados simultáneamente. "No está probado que la campaña de Trump pueda tener el tipo de infraestructura que realmente necesitarían para lograr esto", dijo Ginsberg.

Los nombres que circulaban entre las fuentes republicanas como posibles refuerzos legales—Noel Francisco, ex procurador general de Trump; Emmet Flood, quien había sido consejero interino en la Casa Blanca; Cleta Mitchell, activa en causas conservadoras—no habían aparecido en los tribunales. Algunos abogados simplemente no veían las demandas de Trump como viables, según Ashley Taylor, abogada que había representado a candidatos republicanos en recuentos anteriores. La frustración del presidente por la aparente falta de voluntad de su equipo para asumir ciertos posicionamientos no era inusual, explicó Taylor, pero reflejaba una brecha fundamental entre lo que Trump quería que sus abogados hicieran y lo que los abogados creían que podían hacer legalmente.

Hasta ese momento, Pensilvania había sido el foco principal de los litigios. La campaña de Trump y el Partido Republicano habían presentado reclamos incluso antes de las elecciones, sentando las bases para impugnar el conteo final. Pero la estrategia carecía de la claridad y el enfoque que había caracterizado al esfuerzo de 2000. En Florida, los republicanos pudieron reducir sus demandas legales a una cuestión específica: cómo las juntas de escrutinio interpretaban la intención de los votantes en las boletas de papel. Ese tipo de estrategia simple no había emergido en 2020.

La situación podría cambiar, según fuentes legales republicanas, si Trump lograba ajustar los resultados en Arizona y Georgia. Eso permitiría que la campaña concentrara sus esfuerzos en un solo estado con márgenes más estrechos, reduciendo la carga sobre un equipo legal que ya parecía sobrecargado. Pero mientras tanto, el presidente seguía buscando abogados mejores, más fuertes, más dispuestos a pelear—y el reloj seguía avanzando.

Lo que debe hacer una campaña para dotar de personal un recuento a nivel estatal, por no hablar de múltiples recuentos, es abrumador
— Benjamin Ginsberg, abogado electoral republicano
La frustración que expresa el presidente por la aparente falta de voluntad de su equipo legal para asumir ciertos posicionamientos no es inusual, ya que hay muchos casos en los que los clientes quieren que sus abogados tomen medidas que los abogados simplemente no ven como viables
— Ashley Taylor, abogada que ha representado a candidatos republicanos
Möchten Sie die ganze Geschichte? Das Original lesen bei CNN en Español ↗
Kontakt FAQ