En un momento en que la inteligencia artificial redefine los contornos del poder global, Donald Trump ha respondido no con cautela sino con ambición: anunciando una 'Fuerza IA' dirigida por un 'zar' designado, rechazando las advertencias de riesgo como instrumentos políticos y proyectando que esta tecnología podría representar una cuarta parte de la economía estadounidense. El gesto revela una tensión antigua entre el impulso de dominar el futuro y la pregunta de si ese futuro ha sido suficientemente comprendido.