En un mundo donde la guerra en Ucrania lleva años consumiendo vidas y esperanzas, Donald Trump ha enviado a dos de sus hombres más cercanos —Steve Witkoff y Jared Kushner— a recorrer el espacio que separa Moscú de Kiev, portando una propuesta de paz. Es un gesto que habla tanto de la ambición diplomática estadounidense como de la fragilidad de cualquier acuerdo cuando el odio entre líderes antecede a la razón. La historia observa con cautela: las condiciones, según el Kremlin, aún no están maduras; las exigencias de Kiev, aún sin respuesta concreta.