En el cruce entre la diplomacia nuclear y el reconocimiento político, Donald Trump ha convertido el desarrollo atómico saudí en moneda de cambio para una paz que el Medio Oriente lleva décadas aplazando. Al condicionar el pacto nuclear entre Washington y Riad a la adhesión de Arabia Saudita a los Acuerdos de Abraham, el presidente estadounidense entrelaza dos de los nudos más tensos de la geopolítica regional: la ambición energética de un reino y el reconocimiento de un Estado que muchos en la región aún no aceptan. La historia observa si esta palanca producirá un acercamiento genuino o simple