En Dallas, Texas, Donald Trump cerró su participación en una convención republicana sin precedentes a mitad de mandato, combinando humor, presión moral y promesas económicas para movilizar a su base electoral de cara al 3 de noviembre. Su propuesta de entregar 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si los republicanos conquistan el Congreso ha encendido un debate sobre los límites legales entre la promesa política y la compra de votos. En el fondo, el episodio refleja una tensión permanente en las democracias modernas: la delgada línea entre el liderazgo que inspira y el poder que seduce.