En un momento en que las voces más influyentes del mundo tecnológico advierten sobre los peligros de una inteligencia artificial sin frenos, Donald Trump ha optado por una postura radicalmente distinta: la carrera global no admite pausas. Desde Irlanda, el presidente estadounidense descartó las preocupaciones de figuras como Amodei, Altman y Musk, calificando de 'fuerzas negativas' a quienes abogan por regulación. En el fondo, su argumento no es sobre tecnología sino sobre poder: quien domine la IA, domina el siglo.