Incluso en los momentos de mayor tensión entre naciones, las arquitecturas institucionales del orden mundial exigen su propio cumplimiento. La Administración Trump ha autorizado a la delegación iraní encabezada por el presidente Masoud Pezeshkian a viajar a Nueva York para participar en la Asamblea General de la ONU, honrando las obligaciones que Estados Unidos asumió como país anfitrión de la organización. El gesto no disuelve el conflicto entre Washington y Teherán, pero revela que los marcos multilaterales pueden sobrevivir, al menos formalmente, a las hostilidades que los rodean.