En un momento de presión energética y electoral, Estados Unidos y Venezuela anunciaron un acuerdo que otorgaría a Washington control mayoritario sobre decenas de miles de millones de barriles de reservas petroleras venezolanas, sin costo directo para el contribuyente. Negociado en la sombra de una guerra que había sacudido los mercados globales de crudo, el pacto busca anclar el suministro energético estadounidense en el hemisferio occidental durante generaciones. Como tantos acuerdos históricos, su verdadero peso se medirá no en el anuncio, sino en la capacidad de ambas naciones de sostener l