En un momento en que las grandes potencias redefinen sus esferas de influencia en los confines del mundo, Donald Trump anunció un acuerdo con Dinamarca y Groenlandia que otorgaría a Estados Unidos control permanente sobre la seguridad de la isla ártica. El gesto, cargado de simbolismo geopolítico, responde a décadas de tensión latente en el Ártico, donde Rusia y China han expandido silenciosamente su presencia. Como tantas veces en la historia, la geografía vuelve a convertirse en destino.