En el otoño de 2026, una propuesta europea de integración inédita —otorgar a Canadá el estatus de miembro asociado de la UE— desató de inmediato la ira de Washington. Trump, fiel a su doctrina de usar el comercio como arma política, advirtió con aranceles severos o el corte total de relaciones comerciales con Europa si el plan avanzaba. Lo que está en juego no es solo un acuerdo institucional sin precedentes jurídicos, sino la pregunta más profunda de si los aliados tradicionales de Estados Unidos pueden reordenar sus lealtades sin pagar un precio.