En la tensión perenne entre el poder político y la autonomía de los bancos centrales, Donald Trump ha escalado su presión sobre la Reserva Federal al vincular la política monetaria con el comercio global: si el banco no reduce las tasas de interés, Estados Unidos dejará de comerciar con las naciones que le venden más de lo que le compran. La amenaza llega en un momento en que el mercado laboral muestra fortaleza inesperada, la inflación persiste y el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, no descarta incluso subir las tasas. Es una encrucijada que recuerda cuán frágil puede ser la línea entr