En miles de hogares, oficinas y aulas, una mano sube casi sin pensarlo hacia el cabello, una ceja, una pestaña. Lo que parece un gesto trivial es, para cerca del 1% de la población, una compulsión llamada tricotilomanía: un trastorno que encadena a quien lo padece en un ciclo de impulso, alivio momentáneo y culpa silenciosa. Como tantas condiciones que viven en la sombra, su invisibilidad no mide su peso real en la vida de las personas. La ciencia, sin embargo, ha encontrado caminos de salida.
Tricotilomanía: el trastorno de arrancarse el pelo que afecta a más del 1% de la población
El trastorno afecta la autoestima, las relaciones sociales y el trabajo de quienes lo padecen, obligándoles a ocultar la pérdida de cabello mediante peinados, gorros o maquillaje.