En la mañana del 5 de octubre de 2026, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska reconoció en Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel a los arquitectos de un nuevo lenguaje para hablar con el cerebro: la optogenética, que usa la luz como llave para abrir y cerrar células nerviosas. Lo que comenzó con la curiosidad de un científico alemán ante un alga que reaccionaba al sol más rápido que el ojo humano, se convirtió en décadas de trabajo convergente que hoy permite trazar mapas funcionales de la mente. Este reconocimiento no celebra solo un método, sino la posibilidad de comprender, y qu
Tres científicos ganan Nobel de Medicina 2026 por optogenética que revela cómo se forman recuerdos
Ahora podemos generar mapas funcionales del cerebro
¿Por qué es tan importante que podamos controlar células nerviosas con luz?
Porque durante siglos sabíamos que el cerebro controlaba todo, pero no teníamos forma de ver exactamente cómo. La optogenética es como tener un interruptor de luz para cada célula nerviosa. Puedes activarla, observar qué sucede, y entender su función.
Pero espera, ¿esto funciona en cerebros vivos o solo en laboratorio?
Ambos. Comenzó en placas de Petri con células de rata, pero Deisseroth logró hacerlo funcionar en cerebros de ratones vivos hace más de dos décadas.
¿Y eso qué significa para alguien con depresión o Alzheimer?
Significa que ahora podemos ver exactamente qué circuitos están dañados o funcionan mal. Es el primer paso para desarrollar tratamientos reales.
Aunque debo señalar que los tratamientos en humanos aún están en desarrollo. El artículo menciona aplicaciones potenciales, no curas confirmadas.
¿Cuánto tiempo llevó desde el descubrimiento del alga hasta que Deisseroth lo convirtió en una herramienta práctica?
Hegemann y Nagel publicaron en 2003. Deisseroth estaba trabajando en ello poco después, así que probablemente unos pocos años.
Lo que es notable es que fue colaboración internacional real, no competencia. Deisseroth escribió a Nagel pidiendo el ADN.
¿Eso es inusual en la ciencia?
Menos de lo que debería ser, pero en neurociencia de punta, sí. Estos tres podrían haber competido por el crédito, pero en cambio construyeron juntos.
Il Polso
- Durante décadas, los neurocientíficos podían ver el cerebro pero no escucharlo: la optogenética rompe ese silencio al permitir activar neuronas específicas con destellos de luz azul.
- El hallazgo de una proteína en un alga unicelular —capaz de abrir canales iónicos ante la luz— desencadenó una carrera científica que cruzó laboratorios de Múnich, Fráncfort y Stanford.
- La técnica ya está siendo usada para intentar devolver la vista a personas con deterioro visual y para descifrar los circuitos cerebrales detrás de la depresión, el Parkinson y el Alzheimer.
- Los tres galardonados se repartirán 1,1 millones de euros, pero el verdadero premio es haber convertido el cerebro, por primera vez, en un sistema que puede interrogarse célula por célula.
En la mañana del 5 de octubre de 2026, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska reconoció en Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel a los arquitectos de un nuevo lenguaje para hablar con el cerebro: la optogenética, que usa la luz como llave para abrir y cerrar células nerviosas. Lo que comenzó con la curiosidad de un científico alemán ante un alga que reaccionaba al sol más rápido que el ojo humano, se convirtió en décadas de trabajo convergente que hoy permite trazar mapas funcionales de la mente. Este reconocimiento no celebra solo un método, sino la posibilidad de comprender, y quizás aliviar, los misterios más íntimos de la condición humana: la memoria, el dolor, el miedo y la pérdida de uno mismo.
El 5 de octubre de 2026, el Instituto Karolinska de Estocolmo anunció que Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel recibirían el Premio Nobel de Medicina por desarrollar la optogenética, un método que emplea luz para controlar células nerviosas y revelar cómo el cerebro construye recuerdos, emociones y comportamientos.
Todo comenzó en los años noventa, cuando Hegemann, trabajando en el Instituto Max Planck de Múnich, se fascinó con una alga unicelular llamada chlamydomonas que respondía a la luz veinte veces más rápido que el ojo humano. Sospechó que una proteína singular era la responsable. Junto a su colega Georg Nagel, usando óvulos de rana como modelo, confirmaron que las proteínas descubiertas —las canalrodopsinas— eran canales iónicos que se abrían con la luz. En 2003 publicaron sus hallazgos y propusieron que podrían usarse para generar impulsos eléctricos en células mediante destellos luminosos.
Deisseroth, entonces estudiante en Stanford, leyó el trabajo y pidió acceso al material genético. Introdujo la canalrodopsina en neuronas de rata cultivadas en laboratorio: al exponerlas a luz azul, respondían de inmediato. Un año después logró activar neuronas en cerebros de ratones vivos. Así nació la optogenética como método formal, capaz de mapear circuitos que gobiernan desde recuerdos específicos hasta el dolor, la sed, el sueño y los ritmos circadianos.
La presidenta del Comité Nobel destacó que la técnica permite generar, por primera vez, mapas funcionales del cerebro y entender cómo distintas células se comunican entre sí. Las aplicaciones médicas ya avanzan: investigadores trabajan en restaurar la vista en pacientes con deterioro visual y en comprender mejor la depresión, la esquizofrenia, el Parkinson y el Alzheimer. Los tres científicos compartirán a partes iguales los 12 millones de coronas suecas del galardón.
El lunes 5 de octubre, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska en Estocolmo anunció que tres neurocientíficos recibirían el Premio Nobel de Medicina 2026 por un descubrimiento que ha transformado la forma en que entendemos el cerebro. Karl Deisseroth, estadounidense, y los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel fueron galardonados por desarrollar la optogenética, un método que utiliza luz para activar células nerviosas y revelar cómo se forman los recuerdos, los sentimientos y los comportamientos.
La optogenética no es un descubrimiento aislado sino el resultado de décadas de investigación convergente. A principios de los años noventa, Hegemann trabajaba en el Instituto Max Planck de Bioquímica en Múnich cuando se interesó por la chlamydomonas, un alga unicelular que reaccionaba a la luz veinte veces más rápido que el ojo humano. Hegemann intuyó que esa velocidad extraordinaria debía provenir de una proteína única que capturaba luz y funcionaba simultáneamente como canal iónico. Identificó dos genes que codificaban proteínas desconocidas con esa capacidad. Cuando colaboró con su colega Georg Nagel del Instituto Max Planck de Biofísica, utilizando óvulos de rana como modelo experimental, confirmaron que las nuevas proteínas, llamadas canalrodopsina 1 y 2, eran efectivamente canales iónicos que se abrían cuando se exponían a la luz. En 2003 publicaron sus hallazgos y propusieron que la canalrodopsina 2 podría servir como herramienta para generar impulsos eléctricos en células usando luz.
Deisseroth, entonces estudiante de posgrado en la Universidad de Stanford, se enteró del descubrimiento de Nagel y le escribió pidiendo acceso al ADN que codificaba la canalrodopsina 2. Introdujo ese material genético en células nerviosas de ratas cultivadas en placas de Petri. Las células comenzaron a producir la proteína sin problemas, y cuando se exponían a luz azul, respondían inmediatamente. Deisseroth colaboró entonces con Hegemann y Nagel para identificar nuevas proteínas que pudieran activar células nerviosas, desarrollando el método que bautizaron como optogenética. Un año después, logró activar células nerviosas en cerebros de ratones vivos usando esta técnica.
Los alcances de este método han sido profundos. La optogenética permitió mapear circuitos neuronales que controlan funciones tan diversas como recuerdos específicos, la sensación de dolor, comportamientos sociales, la sed, el consumo de alimento y la atención. También reveló cómo estos circuitos regulan ritmos circadianos y cómo el sistema inmune genera fiebre. El presidente del Comité Nobel de Medicina, Per Svenningsson, destacó que la optogenética ofrece oportunidades para cartografiar el cerebro de formas que antes solo eran imaginables. Anna Wedell, profesora de medicina genética, describió el avance como un paso tremendo hacia adelante: antes se tenían mapas anatómicos del cerebro, ahora es posible generar mapas funcionales y entender cómo células diferentes se comunican entre sí, abriendo una dimensión completamente nueva en la neurociencia.
Las aplicaciones médicas ya están en desarrollo. Investigadores trabajan en usar la optogenética para restaurar la vista en personas con deterioro visual. El método también ha proporcionado una comprensión más profunda de trastornos neurológicos y psiquiátricos como depresión, ansiedad, esquizofrenia, enfermedad de Parkinson y Alzheimer. Hegemann, nacido en Münster en 1954, es actualmente profesor sénior de Neurociencia en la Universidad Humboldt de Berlín. Nagel, nacido en Weingarten en 1953, trabaja en el Departamento de Fisiología Molecular de las Plantas y Biofísica de la Universidad de Würzburg. Deisseroth, nacido en Boston en 1971, ejerce como psiquiatra en la Universidad de Stanford.
Los tres científicos se dividirán a partes iguales los 12 millones de coronas suecas, equivalentes a 1,1 millones de euros o 1,2 millones de dólares, que constituyen el premio este año. Suceden en el reconocimiento a los estadounidenses Mary E. Brunkow y Fred Ramsdell y al japonés Shimon Sakaguchi, quienes fueron galardonados en 2025 por revelar cómo se autorregula el sistema inmune.
Citazioni salienti
La optogenética proporciona oportunidades para mapear el cerebro de una forma con la que antes solo podíamos soñar— Per Svenningsson, presidente del Comité Nobel de Medicina
Antes teníamos mapas anatómicos del cerebro, ahora podemos generar mapas funcionales y entender cómo células diferentes se comunican. Es una dimensión completamente nueva— Anna Wedell, profesora de medicina genética