Tremé: cocina creole neorleansana con sabor colombiano en Bogotá

Cada cucharada lleva academia, investigación y una apuesta por transportar
La profundidad detrás de cada plato en Tremé refleja el trabajo de adaptación cultural que el chef Felipe Giraldo realizó.
Mark

¿Por qué funcionó traer Nueva Orleans a Bogotá cuando la mayoría de la gente aquí nunca ha estado allá?

Mimi

Porque la cocina creole no es exótica en el sentido de ser incomprensible. Es rústica, es de abuelas, es de comida que se come en casa. Eso existe en todas partes. El ajiaco en Colombia es exactamente eso: un plato que define una cultura porque la gente lo come desde niña.

Mark

Pero ¿no corrían el riesgo de que fuera demasiado picante, demasiado diferente?

Mimi

Sí, por eso bajaron la intensidad. No era cuestión de traer la receta exacta, sino de entender qué hace que esa cocina funcione y luego hacerla hablar colombiano. La santa trinidad de cebolla, apio y pimiento existe en casi todas las cocinas del mundo.

Mark

¿Qué diferencia hay entre lo que sirven aquí y lo que comerías en Nueva Orleans?

Mimi

En Nueva Orleans probablemente sea más picante, más agresivo. Aquí es más fresco. Pero la estructura es la misma: mariscos, especias, historia. El jambalaya sigue siendo jambalaya, solo que con ingredientes que se consiguen en Bogotá.

Mark

¿Cómo se decide qué platos ponen en la carta?

Mimi

Después de mucha investigación, identifican los sabores más brillantes y contundentes de la cocina creole. Luego piensan en cómo hacerlos con lo que hay aquí. El pumpkin cheesecake usa zapallo colombiano porque la calabaza de Nueva Orleans no existe en el mercado.

Mark

¿Qué significa que crezcan 20% en ingresos?

Mimi

Significa que la apuesta funcionó. Que 4.500 personas al mes están dispuestas a pagar por una experiencia que no existía en Bogotá. Eso es suficiente para que el chef piense en abrir en Miami, en Austin, en Nueva York.

Mark

¿Hay algo que no se pueda adaptar?

Mimi

La atmósfera. Puedes replicar los sabores, pero Nueva Orleans tiene balcones de metal, luces, un ambiente místico que viene de siglos. Eso es más difícil de traer. Pero la comida, la comida sí se puede llevar a cualquier lado.

  • Tremé recibe entre 4.500 y 5.000 comensales mensuales en Bogotá
  • La cocina creole nace de la fusión de influencias francesa, española, africana e italiana en Nueva Orleans
  • El restaurante registra crecimiento del 20% en ingresos
  • Felipe Giraldo considera expandir a Miami, Austin, Nueva York o Denver

La cocina creole nace de la fusión de influencias francesas, españoles, africanas e italianas en Nueva Orleans, creando sabores únicos con mariscos, especias y la 'santa trinidad' de cebolla, apio y pimiento. Tremé diferencia entre creole (urbano y refinado) y cajún (rústico y campesino), enfocándose en adaptar recetas tradicionales con ingredientes locales para conectar con el paladar colombiano.

Tremé, restaurante bogotano, adapta la cocina creole y cajún de Nueva Orleans con ingredientes colombianos, atrayendo 4.500 comensales mensuales y registrando crecimiento del 20% en ingresos.

Bogotá tiene un restaurante que sirve la cocina de Nueva Orleans sin que sus clientes tengan que cruzar el Atlántico. Tremé, ubicado en la Carrera 10a 70-50, recibe entre 4.500 y 5.000 comensales cada mes, todos ellos buscando los sabores que se han cultivado durante dos siglos en las calles húmedas y místicas de Luisiana. El lugar pertenece al Mile High Group y funciona bajo una premisa simple pero ambiciosa: tomar las recetas que nacieron de un caldo cultural único y hacerlas hablar el idioma de la despensa colombiana.

Para entender qué hay en los platos de Tremé, hay que entender primero qué es Nueva Orleans. La ciudad fue puerto de piratas en el siglo XIX, centro de prácticas vudú con raíces africanas profundas, y punto de encuentro de herencias francesa, española e inglesa que todavía marcan sus costumbres. Esa mezcla no fue accidental. Cuando los colonos franceses resistieron las presiones de abandonar sus tradiciones, sus lenguas y su fe católica, fueron desplazados: doce mil personas terminaron asentándose en Luisiana, donde el intercambio con africanos, españoles, italianos, alemanes y nativos americanos creó algo que no existía en ningún otro lugar del mundo.

La geografía ayudó. Nueva Orleans se extiende a lo largo del Misisipí, muy cerca del Golfo de México, lo que convirtió al pescado y los mariscos en protagonistas de casi toda la cocina. Los franceses aportaron sus técnicas de sofrito: cebolla, apio y pimiento finamente cortados, más la roux. Los españoles trajeron arroz, hierbas, tomate y especias. Los africanos incorporaron la okra y el ñame. Los italianos el ajo, los alemanes los embutidos y la mostaza, los nativos americanos el filé en polvo hecho de hojas de Sasafrás. De todo esto nació lo que los cocineros llaman la "santa trinidad": cebolla, apio y pimiento verde, la adaptación local del mirepoix francés que define casi toda la cocina de Nueva Orleans.

Pero hay una distinción crucial que Felipe Giraldo, chef principal de Tremé, tuvo que aprender antes de abrir las puertas. La cocina creole y la cocina cajún nacieron en la misma ciudad pero son mundos distintos. El creole es urbano, refinado, la cocina que preparaban los colonos franceses y españoles de clase alta, llena de salsas ricas, hierbas locales, tomates rojos maduros y mariscos capturados en aguas cercanas. El cajún es rústico, campesino, de grandes ollas y supervivencia, donde la improvisación y la imaginación reemplazan los ingredientes que no hay. Tremé se enfocó en el creole, que significa criollo, porque ese término podía adaptarse a varias culturas sin perder su esencia.

Giraldo y su socio David Simpson sabían que esta no era una cocina conocida en Colombia, pero identificaron algo importante: tenía puntos en común con cocinas universales. Cuando hicieron la investigación para traer la gastronomía neoleonesa, buscaron los sabores más representativos y pensaron cómo adaptarlos a lo que se consigue en los mercados bogotanos. La cocina de Nueva Orleans es muy picante y muy sazonada; ellos bajaron un poco esa intensidad para lograr una versión más fresca, más entendible para el público local. En la carta hay clásicos sin modificar, pero también adaptaciones propias, siempre con un enfoque de confort.

El jambalaya de Tremé es quizá la estrella más clara de esa investigación. Es parecido a un arroz atollado con salchicha andouille hecha en el mismo restaurante, mariscos, la trinidad y las especias cajún. Su origen es similar al de la paella, pero afrancesado y acriollado. Otro plato que vuela de las mesas es el barbecue shrimp, que no lleva la típica salsa barbecue sino notas sureñas con mantequilla montada y salsa inglesa. Para el postre, el pumpkin cheesecake usa zapallo colombiano en lugar de la calabaza que no se consigue, mezclado con canela, clavo y queso crema, coronado con una salsa butterscotch hecha con whisky de centeno.

Esta estrategia de investigación profunda seguida de adaptación inteligente ha funcionado. Tremé registra un crecimiento del 20% en ingresos y ha consolidado un público que regresa. El éxito ha motivado a Giraldo a pensar en expansión internacional. Está considerando abrir nuevos centros de gastronomía neoleonesa en Estados Unidos, con Miami, Austin, Nueva York y Denver como ciudades candidatas. Cada cucharada que un comensal prueba en Tremé lleva detrás academia, investigación y una apuesta por transportar a alguien a una calle típica de Nueva Orleans, llena de balcones de metal, luces y un ambiente que no existe en ningún otro lugar.

Aunque esta no era una cocina muy conocida, sabíamos que iba a conectar porque tiene puntos en común con cocinas universales. Nos enfocamos en el tema creole, que significa criollo y se puede adaptar a varias culturas.
— Felipe Giraldo, chef principal de Tremé
Queríamos replicar una cocina de mucha sazón, más que de emplatados sofisticados. Platos fuertes, para compartir, con sazón definida. Allá se mantiene mucho la tradición de la cocina de las abuelas, de las mamás, de lo casero.
— Felipe Giraldo
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