En los márgenes de la industria global de maquinaria agrícola, un fabricante estatal iraní acumula silenciosamente una presencia que pocos analistas anticiparon. Traktorsazi, con sede en Irán, ha exportado 700 tractores a nueve países en apenas cuatro meses, mientras consolida un mercado doméstico que supera los 63 millones de dólares en ventas recientes. Su avance ilustra una verdad más amplia: la geografía del poder industrial se está redibujando desde territorios que el relato dominante suele ignorar.