Tomás Holder, figura pública surgida de Gran Hermano, eligió exponer dos versiones extremas de su cuerpo no para celebrar ninguna de ellas, sino para señalar que ambas eran formas distintas de malestar. Entre los 125 kilos del aislamiento y la definición muscular de Ibiza sostenida con apoyo químico, el joven encontró una verdad incómoda: la apariencia y la salud rara vez habitan el mismo lugar. Su reflexión pública invita a preguntarse qué se esconde detrás de los cuerpos que admiramos y de los que rechazamos.
Tomás Holder reflexiona sobre sus cambios físicos: "Mi cuerpo no es real ni sano"
Holder experimentó aislamiento, depresión emocional, trastornos alimentarios con atracones y culpa, además de dependencia de sustancias químicas para mantener su físico.