Cada vez que accionamos la descarga de un inodoro, desencadenamos un proceso invisible que la ciencia lleva décadas intentando comprender: una nube de partículas microscópicas, algunas portadoras de microorganismos, asciende hasta la altura del rostro y permanece suspendida en el aire durante unos veinte segundos. Una revisión sistemática de investigadores australianos de la Universidad Flinders, publicada en Science of the Total Environment, ha reunido por primera vez la evidencia de veintidós estudios para trazar el alcance real de este fenómeno cotidiano. Lo que emerge no es una alarma, sin