Tras quince años al frente de Apple, Tim Cook se retira habiendo convertido una empresa ya icónica en la máquina de creación de valor más sostenida de la era tecnológica moderna. Bajo su conducción, las acciones crecieron más del 2.300%, se vendieron más de tres mil millones de iPhones y la compañía devolvió un billón de dólares a sus accionistas sin sacrificar el crecimiento. Su partida no es el fin de un capítulo, sino el inicio de la pregunta más difícil: ¿puede una institución de esa magnitud seguir reinventándose sin el arquitecto silencioso que la moldeó?