No puedo esperar tantos meses sabiendo que mi hijo puede volver a convulsionar
En el sur de Argentina, una madre enfrenta la brecha entre la urgencia médica y los límites del sistema público: su hijo Thiago, de siete años, ha sufrido seis convulsiones a lo largo de su corta vida, y el próximo episodio podría llegar antes de que el Estado ofrezca una respuesta. La familia, sin acceso a turnos neurológicos hasta noviembre, ha recurrido a la solidaridad comunitaria para costear estudios privados en Bahía Blanca, recordándonos que la salud infantil no siempre espera a que las instituciones estén listas.
- Thiago convulsionó por sexta vez un día antes de cumplir siete años, rompiendo el pronóstico médico que indicaba que su condición debería haber desaparecido a los cinco.
- El sistema público de Patagones no puede ofrecer un turno neurológico antes de noviembre, dejando a la familia sin red de contención ante una emergencia que puede repetirse en cualquier momento.
- Los estudios privados en Bahía Blanca suman más de 483.000 pesos, más pasajes y gastos adicionales, una cifra inalcanzable de inmediato para la familia.
- Cecilia y un grupo de amigos organizaron una rifa solidaria para reunir los fondos necesarios antes del 1 de julio, fecha en que están programados los estudios.
- Los vecinos de la Comarca son convocados a participar: cada colaboración acerca a Thiago al diagnóstico que puede prevenir nuevos episodios y proteger su desarrollo.
Cecilia Calderón lleva años mirando a su hijo Thiago con una mezcla de esperanza y miedo. Desde los tres años, el niño ha atravesado seis episodios de convulsiones que han marcado su infancia con incertidumbre médica y gastos imprevistos.
A los cinco años, cuatro episodios seguidos obligaron a la familia a buscar atención particular en Bahía Blanca, donde el neurólogo Martín Peralta realizó una serie de estudios que arrojaron resultados normales. El diagnóstico fue "convulsión febril plus", una condición que se esperaba desapareciera con el tiempo. Pero en mayo de este año, un día antes de cumplir siete, Thiago volvió a convulsionar. La ambulancia lo llevó al hospital local, y lo que debería haber sido una respuesta definitiva se convirtió en una nueva incógnita.
Cuando Cecilia buscó ayuda en el área de Desarrollo de Patagones, la respuesta fue desalentadora: sin fondos disponibles y con turnos públicos demorados hasta noviembre. Para una madre que sabe que su hijo puede convulsionar en cualquier momento, esperar seis meses no es una opción.
Thiago necesita viajar nuevamente a Bahía Blanca para realizarse una polisomnografía nocturna y una consulta médica, estudios que juntos superan los 483.000 pesos, sin contar pasajes ni posibles análisis adicionales. Los estudios están programados para el 1 y 2 de julio.
Ante la imposibilidad de afrontar esos costos solos, Cecilia y amigos organizaron una rifa solidaria. El objetivo es claro: encontrar la causa de las convulsiones, prevenir nuevos episodios y proteger el desarrollo del niño. Hoy, la familia pide el acompañamiento de toda la Comarca.
Cecilia Calderón lleva años observando a su hijo Thiago con una mezcla de esperanza y temor. El niño tiene siete años y ha sufrido seis episodios de convulsiones que han marcado su infancia con incertidumbre médica y gastos que la familia no estaba preparada para afrontar.
Todo comenzó cuando Thiago tenía tres años. Esa primera convulsión, aunque relativamente leve, abrió una puerta a un mundo de controles y estudios que no se cerraría. Dos años después, a los cinco, mientras estaba en el jardín de infantes, vinieron cuatro episodios seguidos. Cecilia no podía esperar los turnos que el sistema público de Patagones ofrecía. Decidió llevar a su hijo de manera particular a Bahía Blanca, donde fue atendido por el neurólogo Martín Peralta. Los estudios realizados entonces—polisomnografía diurna, tomografía y electroencefalograma—arrojaron resultados normales. El diagnóstico fue "convulsión febril plus", una condición que típicamente desaparece después de los cinco años.
Pero en mayo de este año, un día antes de cumplir siete años, Thiago convulsionó nuevamente. La ambulancia lo trasladó al hospital Pedro Ecay, donde fue estabilizado. Lo que debería haber sido una respuesta clara se convirtió en una nueva incógnita. Su pediatra, Mónica Loyra, y el neurólogo iniciaron un nuevo proceso de seguimiento a través de videollamadas, indicando una nueva polisomnografía nocturna antes de una consulta presencial.
Cecilia se acercó al área de Desarrollo de Patagones para solicitar ayuda con los costos. La respuesta fue desalentadora: no había fondos disponibles y los turnos en el sistema público podrían demorarse hasta noviembre. Para una madre cuyo hijo puede volver a convulsionar en cualquier momento, esperar seis meses no era una opción. "No puedo esperar tantos meses sabiendo que mi hijo puede volver a convulsionar y que eso puede traer consecuencias", explicó.
Ahora Thiago necesita viajar nuevamente a Bahía Blanca, al Instituto del Diagnóstico Infantil, para continuar la búsqueda de respuestas. La polisomnografía cuesta 338.300 pesos. La consulta médica, 145.000 pesos. A esto se suman los pasajes y posibles estudios adicionales. Thiago viajará con su hermano Alai, de cinco años, y su madre. Los estudios están programados para el 1 de julio, comenzando a las 21:30 y extendiéndose hasta las seis de la mañana, con la consulta médica al día siguiente.
Ante la imposibilidad de afrontar estos gastos de inmediato, Cecilia y amigos emprendedores organizaron una rifa solidaria. Quienes colaboren podrán participar en sorteos de premios mientras ayudan a que Thiago acceda a los estudios que necesita. El objetivo es claro: encontrar la causa de las convulsiones, prevenir nuevos episodios y proteger el desarrollo del niño. Para Cecilia, cada día de espera es una enorme preocupación. Hoy pide el acompañamiento de los vecinos de la Comarca para seguir buscando respuestas.
Notable Quotes
Como mamá no podía esperar tanto tiempo una respuesta— Cecilia Calderón, madre de Thiago
No puedo esperar tantos meses sabiendo que mi hijo puede volver a convulsionar y que eso puede traer consecuencias— Cecilia Calderón
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué una rifa y no simplemente pedir dinero directamente?
Porque una rifa permite que la comunidad participe en algo, que sienta que está ganando algo también. No es caridad, es solidaridad con un premio. Además, en pueblos pequeños, la gente responde mejor cuando hay algo tangible a cambio.
¿Qué significa que los resultados anteriores fueron "normales" si el niño sigue convulsionando?
Eso es lo aterrador para la madre. Los estudios no encontraron nada anómalo en la estructura del cerebro, pero el cuerpo del niño sigue teniendo crisis. Significa que el diagnóstico anterior podría ser incompleto, o que hay algo que los estudios disponibles en Patagones no pueden detectar.
¿Por qué Bahía Blanca y no Buenos Aires o un centro más grande?
Porque el neurólogo Martín Peralta ya conoce el caso de Thiago y tiene conexiones en el Instituto del Diagnóstico Infantil. En medicina, a veces la continuidad de cuidado es más valiosa que buscar el "mejor" lugar. Además, Bahía Blanca es más accesible desde Patagones que la capital.
¿Qué pasa si los nuevos estudios tampoco encuentran nada?
Esa es la pregunta que Cecilia probablemente se hace cada noche. Pero al menos habrán descartado más posibilidades. A veces el diagnóstico es un proceso de eliminación lento. Lo importante es que Thiago esté siendo monitoreado por especialistas que toman en serio cada convulsión.
¿Cuál es el riesgo real de esperar hasta noviembre?
Cada convulsión sin control puede causar daño neurológico. A los siete años, el cerebro de Thiago está en pleno desarrollo. Esperar seis meses sin saber qué está pasando es esperar a que algo peor suceda, y Cecilia no puede vivir con esa incertidumbre.