En los pasillos del Congreso español, la diputada Tesh Sidi ha elevado la conversación sobre tecnología al plano de la supervivencia civilizatoria. Al equiparar la inteligencia artificial con la bomba atómica y las redes sociales con una fuerza ya activa contra los Estados, Sidi no habla de regulación técnica sino de una pregunta más antigua: cómo protegen las democracias sus fundamentos cuando las herramientas que las amenazan son invisibles y ubicuas. Su advertencia llega en un momento en que España, como el resto de Occidente, busca un lenguaje político a la altura de los riesgos digitales