Hay gente viva, todavía hay gente que podemos sacar
Los terremotos del miércoles destruyeron La Guaira, zona costera a 26 km de Caracas, dejando 1.450 muertos, 3.150 heridos y 70 mil desaparecidos. Pasadas 96 horas, las posibilidades de encontrar sobrevivientes disminuyen drásticamente mientras vecinos desesperados toman acciones por cuenta propia.
- 1.450 muertos, 3.150 heridos, 70 mil desaparecidos por dos terremotos el miércoles en Venezuela
- La Guaira, zona costera a 26 km de Caracas, fue la más afectada
- Pasadas 96 horas, encontrar sobrevivientes es considerado un milagro por rescatistas y autoridades
- Vecinos de Playa Grande detuvieron un camión con maquinaria pesada para dirigirlo a edificios colapsados
Tras dos terremotos simultáneos en Venezuela que dejaron 1.450 muertos y 70 mil desaparecidos, los sobrevivientes de La Guaira expresan creciente rabia por la ausencia de ayuda estatal, interceptando camiones con maquinaria para rescatar a sus familiares.
En Catia del Mar, un barrio costero de La Guaira a 26 kilómetros de Caracas, Donis Álvarez está de pie frente a un edificio que se desmorona. Su voz tiembla cuando habla. Anoche, dice, escuchó gritos desde los escombros. Su hijo estuvo vivo hasta el sábado. Luego dejó de responder. El gobierno le prometió ayuda. No llegó.
Esta es la realidad que emerge cuatro días después de que dos terremotos simultáneos sacudieran Venezuela el miércoles por la tarde. Las cifras son brutales: 1.450 muertos confirmados, 3.150 heridos, más de 70 mil desaparecidos. Pero los números no capturan lo que está sucediendo en las calles de La Guaira, donde la esperanza se agota al mismo ritmo que pasan las horas y la rabia crece entre los sobrevivientes.
Los rescatistas y las propias autoridades reconocen que encontrar personas vivas ya es un milagro. Pasadas las 96 horas, las probabilidades descienden casi a cero. Pero en La Guaira, los vecinos no esperan. El domingo pasado, un grupo de residentes desesperados se plantó en medio de la avenida principal de Playa Grande y detuvo un camión con maquinaria pesada. No pidieron permiso. Simplemente se pusieron delante del vehículo con gestos claros: no pasarás. Un joven con ropa de trabajo naranja gritó que había gente viva bajo los escombros, que necesitaban esa máquina ahora, que los funcionarios solo venían a tomarse fotos. Los agentes de la Guardia Nacional Bolivariana, armados, se acercaron pero no intervinieron. Al final, los vecinos ganaron. Uno de los dos camiones fue donde ellos señalaban.
La destrucción es casi incomprensible en su escala. Edificios lujosos con vista al mar se han convertido en montañas de hormigón y hierro retorcido. Los complejos residenciales Los Delfines y Los Delfines II, que tenían canchas de tenis y piscinas, ahora son esqueletos inclinados. Algunos están tan doblados que parecen a punto de caer en cualquier momento. En las avenidas comerciales, los negocios que aún tienen puertas están cerradas. Sobre las tapias, alguien escribió con aerosol la misma frase una y otra vez: "Ya fui saqueado". La ola de robos posterior al desastre fue lo que justificó la militarización de La Guaira, ordenada el viernes por la noche por Diosdado Cabello, ministro de Relaciones Interiores.
Emilio Pacheco, de 52 años, era dueño de seis posadas turísticas en Playa Grande. Todas desaparecieron. Cuando el sismo golpeó, logró salir de su casa, pero una viga le cayó en el hombro. Se fracturó la clavícula, el omoplato y las costillas. Fue al hospital, le tomaron radiografías, lo inmovilizaron. Dice que sintió que Dios lo sacó de su casa. Otros no tuvieron tanta suerte.
Donis Álvarez perdió su apartamento con todo lo que había dentro. Su hijo quedó atrapado. Trabaja para el alcalde del municipio de Vargas. Le prometieron que lo sacarían al día siguiente. Su hijo estuvo vivo tres días. Murió ayer. No recibió ayuda del gobierno. El domingo completo pasó sin que le trajeran comida. Solo unos pastores les llevaron agua, y ayer algo para comer. Mientras habla, tres rescatistas corren detrás de un perro asustado en lo que queda del tercer piso de un edificio inclinado, intentando bajarlo.
La rabia crece conforme sacan cuerpos sin vida de los escombros. Lo que comenzó como angustia se transforma en furia. Dennysser Hernández, un estudiante de 28 años que conduce mototaxi, dice que esto es una tragedia sin límites. Pide apoyo nacional, pide que no pierdan las esperanzas. Dice que todavía hay gente viva, que se escuchan voces desde las estructuras. Pero cada hora que pasa, menos gente sale con vida. El olor a putrefacción es intenso, especialmente cuando llega la brisa del mar. La mayoría usa barbijo. El calor húmedo es sofocante. Hay personas durmiendo sobre colchones en las rotondas, apenas protegidas del sol por un gazebo. Más de 20 países han enviado asistencia humanitaria. 2.741 rescatistas internacionales trabajan en las zonas afectadas. Pero en La Guaira, donde la maquinaria pesada apenas ahora comienza a llegar, los vecinos ven salir a sus seres queridos en mantas mortuorias. La rabia, dicen quienes están allí, apenas está comenzando.
Notable Quotes
Mi hijo estuvo vivo hasta el sábado cuando dejó de hablar. Le reclamo al gobierno porque me prometió ayuda y no me cumplió.— Donis Álvarez, residente de Catia del Mar
Hay gente viva, todavía hay gente que podemos sacar. No nos prestan la colaboración. Vienen policías aquí y se toman fotos.— Joven residente que detuvo el camión en Playa Grande
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué los vecinos decidieron detener el camión ellos mismos en lugar de esperar a que las autoridades lo dirigieran?
Porque después de cuatro días sin ayuda coordinada, vieron que sus familiares morían bajo los escombros mientras la maquinaria pasaba de largo. No era desobediencia, era supervivencia.
¿Qué diferencia hay entre la rabia que ves ahora y la que podría venir?
Ahora es rabia enfocada, dirigida a conseguir máquinas y rescatistas. Cuando dejen de sacar gente viva y solo salgan cuerpos, esa rabia se volverá contra el sistema que no estuvo allí cuando importaba.
¿Por qué el gobierno permitió que los vecinos tomaran control del camión?
Los agentes de la Guardia Nacional estaban allí, pero no intervinieron. Quizás porque la situación era tan desesperada que cualquier intervención hubiera parecido cruel. O porque sabían que los vecinos tenían razón.
¿Qué significa que la gente duerma en rotondas bajo gazebos?
Significa que no tienen a dónde ir. Sus casas desaparecieron. No hay albergues suficientes. Están esperando noticias de sus familiares mientras duermen en la calle con el calor húmedo y el olor a muerte.
¿Cómo cambia la historia cuando llega la maquinaria pesada demasiado tarde?
Convierte el rescate en recuperación de cadáveres. Y eso es lo que está sucediendo ahora en La Guaira. La esperanza se convierte en confirmación de lo peor.