En las horas del viernes 14 de agosto, la tierra se estremeció bajo el archipiélago indonesio con una fuerza de 7,7 grados, recordándonos que el planeta vive en perpetuo movimiento. Desde Lima, la Marina de Guerra del Perú cumplió su vigilia silenciosa sobre el litoral y, pasadas las seis de la tarde, ofreció a sus ciudadanos la certeza que buscaban: las costas peruanas estaban a salvo. El episodio ilustra cómo la fragilidad geológica de un rincón del mundo puede, en cuestión de minutos, poner en alerta a naciones situadas al otro extremo del océano.