Desde que el ser humano comenzó a cruzar meridianos y a trabajar contra el ritmo del sol, el cuerpo ha pagado un precio silencioso. Ahora, investigadores han desarrollado una terapia celular implantable que, mediante la producción temporal de leptina, logró reducir a la mitad el tiempo que tardan ratones y primates en sincronizar su reloj biológico tras cambios de horario. La intervención es breve, reversible y no altera la arquitectura del sueño, lo que la sitúa como una posible herramienta para quienes viven en permanente desacuerdo con el tiempo.