En el delicado equilibrio entre el alivio y la vigilancia, Tenerife descendió este viernes su nivel de alerta por incendios forestales a prealerta, señal de que el peligro inmediato había cedido aunque no desaparecido. Mientras tanto, Gran Canaria y Fuerteventura permanecían bajo alerta por una ola de calor que amenazaba con alcanzar los 37 grados, recordando que en un archipiélago la calma en una isla rara vez significa calma en todas. La inminente llegada de una cresta sahariana mantenía a las autoridades en guardia, conscientes de que el clima canario puede cambiar de dirección con la misma