Entre las dos y las cuatro de la tarde, millones de cuerpos reclaman un descanso que la modernidad llama pereza y la biología llama herencia. El cardiólogo Jorge Tartaglione recuerda que el sueño humano fue bifásico durante milenios, y que ignorar ese legado tiene consecuencias medibles en la salud cardiovascular y metabólica. Su advertencia es sencilla y antigua a la vez: treinta minutos de siesta, cerca del mediodía, no es un lujo sino una deuda que el cuerpo cobra de una manera u otra.