A punto de cumplir ochenta años, el teólogo Juan José Tamayo ofrece una lectura de Jesús que invierte siglos de narrativa institucional: no el Cristo victorioso de los altares, sino una figura frágil que fracasó según los criterios del mundo, y cuya derrota es precisamente su mensaje más radical. Desde esa raíz, Tamayo traza una línea directa hacia lo que llama cristoneofascismo, un movimiento político-religioso que, en su diagnóstico, ha tomado los símbolos de una fe nacida entre los vulnerables para ponerlos al servicio de los poderosos.