Suecia amanece ante un mapa electoral que desafía las corrientes dominantes del continente: la ultraderecha retrocede donde en otros países avanza, y los socialdemócratas —columna vertebral de la política nórdica durante generaciones— registran su resultado más débil en un siglo. Con doscientas mil papeletas aún sin contar, el país se encuentra suspendido entre lo que fue y lo que podría llegar a ser, recordándonos que las democracias maduras también pueden sorprender.